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miércoles, 26 de mayo de 2010

CAPÍTULO I


“Sé que este mundo quedó en mi pecho
con sus muñecas y sus abuelos....
El amor me lo guardó con su ternura.”
(2)



María Angélica Coton y Pedro Torres habían noviado poco menos de tres años, con un noviazgo como eran los de entonces, es decir, formales y con unas cuantas reglas a cumplir sin la más ínfima posibilidad de salirse de ellas. El joven visitaba a la novia, de quince años recién cumplidos, los días previamente establecidos por los padres de ella y, tal como era la costumbre de la época, jamás se quedaban a solas. Pedro había visto a esa muchacha casi todas las tardes, en la puerta de la casa de la calle Juan Bautista Paláa 244, de Avellaneda, cuando volvía de su trabajo. Cada día, al emprender el camino de regreso hacia su hogar, le ganaba la ansiedad por volver a verla y, como cada día también, ella estaría allí, casi por descuido, aguardando verlo pasar. Pedro supo enseguida que ese sentimiento era verdadero así que, finalmente, tomó coraje y se presentó ante Gregorio y Mariana Coton, los padres de la joven, para solicitarles permiso para noviar con su hija. Angélica y Pedro se vieron en esa casa durante el tiempo que duró su noviazgo y fue allí donde comenzaron a entretejer los primeros sueños para un futuro compartido. Él era telegrafista en Ferrocarriles Argentinos, un trabajo bien visto que, por entonces, aportaba cierta estabilidad laboral y económica. Al cabo de un tiempo, los novios decidieron casarse y consolidar el amor que el paso del tiempo había afianzado. Meses más tarde, Angélica le anunció a su esposo que estaba embarazada, una noticia que los llenó de felicidad pero que no dejó de preocupar seriamente a Pedro, ya que sabía de la delicada salud de su mujer. Siendo muy jovencita, Angélica debió someterse a una intervención quirúrgica en la que le fue extirpado el bazo. Desde entonces su hígado trabajaba obligado a una mayor exigencia y su salud requería sumos cuidados. Por esta razón, los médicos le habían sugerido la conveniencia de no tener hijos, ya que su organismo debilitado podría verse comprometido. Mujer al fin, no pudo doblegar aquel inmenso deseo de tener un hijo y prolongar en él el amor que la unía a su marido.
Cuando aquel otoño de 1930 apenas comenzaba a insinuarse, más precisamente el 26 de marzo, a las 14.30 horas, nació Beatriz Mariana Torres. Vino al mundo en un parto normal y lo hizo en la casa de los abuelos de la calle Paláa, tal como era habitual en aquellos tiempos. Tenía una carita bien redonda y los ojitos achinados. Y a pesar de que su mamá tuvo alguna complicación cuando se produjeron las temidas hemorragias, todo pudo resolverse felizmente. Sin embargo, ahora sí, la indicación médica era incuestionable: Angélica no podría tener más hijos. No les preocupaba tampoco. El deseo estaba cumplido y se sentían felices, sabían que desde ahora sus vidas cambiarían para siempre; en cambio, lo que no sabían es que cambiarían tanto, y de tal manera, como ninguno de los dos podía siquiera imaginarlo.
Beatriz había nacido muy sanita aunque con una particularidad que, en principio, preocupó muchísimo a sus padres. Traía en su llegada al mundo, seis deditos en la mano y seis en el pie, ambos del lado izquierdo. Luego de evaluar la situación, los médicos aconsejaron que lo más conveniente sería operar enseguida y así lo hicieron. La niña se repuso sin inconvenientes de la intervención quirúrgica que, por otra parte, no dejó ningún tipo de secuela, más allá de un par de cicatrices. Muchos años después se conocería una anécdota que tanto tuvo de premonitoria. Aquél médico que recibió a la beba y detectó sus deditos de más, vaticinó a la flamante mamá “Señora, esta criatura tendrá un destino especial. Será muy aplaudida y jamás la morderá un perro rabioso”. Como podría comprobarse años más tarde, sus dos profecías se cumplieron puntualmente.
La niña se llamó Beatriz porque ese era el nombre de la protagonista de la fotonovela que Angélica estaba leyendo, y tanto le había gustado el nombre del personaje que quiso que su hija se llamara igual. Mariana, en cambio, fue elegido en honor a la abuela materna. De esa manera, fue bautizada en la Basílica de Nuestra Señora de Luján.
Betty, tal el diminutivo por el cual la nombraban, crecía sin sobresaltos en un hogar cálido y en un clima de muchísimo cariño. Sus padres le daban amor y cuidados, lo mismo que sus abuelos. Su mamá era quien generalmente la consentía, su papá el encargado de poner los límites, ya que era hombre de formación estricta y formal.

La depresión económica mundial repercutió en toda América latina, y Argentina, lógicamente, no se libró de sus efectos. En 1930, por primera vez en la historia argentina, un golpe militar, encabezado por el Teniente General José Félix Uriburu, derrocó a un gobierno constitucional; el de Hipólito Yrigoyen. A partir de entonces, muchas cosas cambiaban en el país, que sería mudo testigo a lo largo de toda la década, de sucesivos procedimientos ilícitos, entre ellos el fraude electoral, como único modo factible de lograr los objetivos propuestos. Sería aquello apenas la secuencia inicial de una ruta que Argentina transitaría en repetidas ocasiones. La crisis de la década del 30 produjo una gran caída en las exportaciones de carne, lana, trigo, oleaginosas, tanino, por lo que los ingresos del país se vieron disminuidos sustancialmente. Las relaciones comerciales con España se deterioraron, como consecuencia del impacto de la crisis y de las medidas de control de divisas aplicadas por ambos países. En 1930 se creó la Confederación Nacional del Trabajo, CNT, mediante la unificación de varias centrales obreras. Dos tragedias vestían de duelo al país entero: el hundimiento del buque alemán Monte Cervantes, frente a Ushuaia, que si bien no registró víctimas entre los pasajeros, provocó que su capitán eligiera hundirse con su navío. Y por otro lado, en Buenos Aires, un tranvía repleto de obreros cayó en el Riachuelo, ocasionando una numerosa cantidad de fallecidos.

En aquel contexto político y social había nacido y crecido Beatriz Mariana pero afortunadamente su familia, aunque de clase media, no se vio afectada por los coletazos económicos que derivaron de aquellas circunstancias.
Cuando era muy pequeña aún, su familia dejó la casa de Avellaneda y fueron a vivir a Tapiales. Era una casita a la que su padre había accedido en su condición de ferroviario, con jardín y campo alrededor. Muchos años después, ya convertida en una mujer famosa, diría que “Mi primer recuerdo de infancia, aunque confuso y como en sueños, es el de verme muy pequeñita, jugando en ese jardín”. También en esa época, un hecho infortunado tiñó de tristeza el entorno familiar: la muerte de la abuela Mariana, con cincuenta y tres años recién cumplidos. La nieta no comprendía aún la inmensidad de la muerte pero sí sabía que extrañaba muchísimo a esa abuela dulce, afectuosa y tan alegre como una castañuela. La abuela Mariana y el abuelo Gregorio habían llegado a Argentina desde su castigada Galicia intentando, como tantos otros, hallar un destino mejor. Él, no sabía leer ni escribir pero salió adelante a pura lucha, también como tantos otros. Y junto a su mujer, que siempre le puso el hombro, formaron una unida familia de cinco hijos. La abuela Mariana andaba siempre por la casa tarareando melodías de su tierra “Le gustaba tocar la pandereta dejando deslizar en ella su dedo. Solía contarme que iba a bailar las muñeiras en la campiña gallega, y se quitaba los zapatos para que nadie se enterara de que había estado allí al verle las suelas,” recordaba la nieta. Esta abuela también era amante de las grandes reuniones familiares, de esas que convocan a los seres queridos alrededor de una larga mesa, amorosamente preparada y que quedan grabadas para siempre en la memoria y el corazón de quienes se sientan a su alrededor. Eso, precisamente, sería algo que Betty jamás podría olvidar, y se convertiría en un modelo a repetir cuando llegara el momento.
Gregorio quedó sumido en una inmensa tristeza al perder a su compañera. Pero, en compensación, la vida le tenía reservada una gratificación importante: viviría hasta los ochenta y tres años y llegaría a conocer y disfrutar aquel destino especial que le habían vaticinado a su nieta.
Los abuelos paternos, en cambio, sólo estaban vivos en el corazón de la niña por todas aquellas cosas que sus padres le referían ya que la abuela, Juliana Iriarte, falleció antes de que Betty naciera. En un futuro, cada vez que la nombrara lo haría como “la abuela Julia”, y de ella la nieta diría “Era navarra, nacida en Pamplona. De ahí mi carácter, mi fortaleza”. En cuanto al abuelo Pedro, criollo puro, partió también cuando ella tenía poco más de tres años.
Betty apenas contaba con cuatro años de edad cuando ya cantaba y bailaba con gran desenvoltura y con todo el gracejo del género español, género que le gustaba sobremanera, sin que por ello dejara de jugar largas horas con sus muñecas preferidas o se entusiasmara con las figuritas de brillantes, que era su otro gran entretenimiento.
Adoraba a su madre a quien, igual que a la abuela Mariana, siempre se la podía escuchar cantando por la casa. En realidad, a su madre le hubiera gustado dedicarse a cantar y bailar de modo profesional, pero en aquellos años esa actividad era considerada impropia para una “chica de su casa”, razón por la cual ni siquiera se atrevió a confesárselo a sus padres, pues sabía con certeza que jamás se lo permitirían. “Mi madre era una mujer con algo de contradictorio en su personalidad. Si bien era generalmente divertida, también tenía momentos en los que se hundía en una profunda melancolía, a punto tal de enfrascarse en un hondo silencio o pasar un largo rato mirando llover a través de la ventana, algo que le atraía mucho hacer”. Probablemente, concluiría más tarde su hija, la preocupación por su delicada salud la intranquilizara íntimamente, pero ella jamás lo decía.
A sólo dos años de haberse mudado a Tapiales, la familia Torres volvió a instalarse en Avellaneda, en la intersección de las calles Ana María Cortese y la Avenida Roca, cerca del abuelo Gregorio. Su madre, que había querido contentar al esposo, intentó allanarse a la casita con jardín del barrio de la provincia de Buenos Aires, pero acostumbrada a vivir toda su vida en Avellaneda, no pudo adaptarse a la soledad del campo. A Betty le gustaba vivir cerca del abuelo, porque en ese lugar se podía jugar en la vereda. Era una época hermosa e irrepetible, cuando la comunicación entre vecinos era fluida y el saludo y la cortesía no eran rasgos de excepción sino gestos cotidianos, y cuando todavía se acostumbraba a sentarse en la puerta de las casas mientras los chicos jugaban. Años en los que el peligro no acechaba y la cordialidad era cosa de rutina. Eran aquellos diciembres en los que se compartía la algarabía por el año nuevo y los augurios de paz y buena ventura con todos los vecinos. Pero la celebración que más ilusión le despertaba a Beatriz Mariana era la de los Reyes Magos. También solía pasear con sus padres por el Parque Lezama, lugar al que la familia iba con frecuencia, no sólo porque en esa zona vivían los tíos de Betty, sino también porque a la niña le encantaba jugar allí.
Llegó para Betty el momento de comenzar la escuela. Fue en el Colegio María Auxiliadora, de Avellaneda. Pero en honor a la verdad y, tal como ella siempre lo confesaba, la escuela no le gustaba demasiado. Ya en su cabecita daban vuelta otras ideas que mucho más tenían que ver con lo artístico que con los libros y cuadernos. Le apasionaba bailar, moverse y gesticular frente al espejo. Y en ese aspecto era verdaderamente imparable. Era una chica traviesa a la que su papá tenía que llamar la atención a menudo, pero a la que jamás le pegó. La mirada de Pedro Torres era tan clara y contundente que, sólo con sentirse observada, la hija captaba el mensaje y sabía que lo que estaba haciendo era incorrecto y debía dejar de hacerlo.
Fue en el María Auxiliadora, precisamente, donde desplegó sus primeras armas artísticas, ya que siempre cantaba en los recreos por pedido de sus compañeras. “Las canciones de Imperio Argentina, a quien yo admiraba mucho y que estaban tan de moda, como “Échale guindas al pavo”, eran las que siempre elegíamos para esas improvisadas actuaciones. Mis compañeritas se ocupaban de los coros, siempre a escondidas de la madre superiora. Eran momentos muy lindos que nunca olvido. También por entonces, una tía me propone sorprender a mis padres con una grabación, algo que estaba de moda en esa época. Lo hicimos en la sucursal de correo de la Avenida de Mayo, donde se grababan unos fonopostales, que eran unos pequeños discos irrompibles, en los que se podía cantar o enviar felicitaciones a familiares y amigos. En este caso, por supuesto, tanto mi tía como yo, elegimos cantar. Me acuerdo que, entre todo lo que había, escogí la partitura de un fado portugués y la de Herencia Gitana”. Ese disco, que fue un regalo para sus padres, aunque nunca adquirió estado público, constituyó su primera grabación y muchas veces se lamentó de no haberlo podido conservar a través de los años.
Pedro Torres también sentía afinidad por lo artístico. Tocaba la guitarra y había formado un conjunto, pintaba, formó una pequeña compañía de teatro a la que dirigía y, como si esto fuera poco, le apasionaba escribir poesía. O sea que, teniendo en cuenta que sus padres tenían un profundo sentir por distintas ramas del arte aunque no lo desarrollaran profesionalmente, no resultaba nada extraño que la hija tuviera la misma inclinación y se empecinara en querer aprender danzas. Luego de mucho insistir con el tema, logró el consentimiento de su madre a quien, por otra parte, la idea no le disgustaba nada. Justamente fue Angélica la encargada de convencer a Pedro y, con su delicado pero firme poder de convicción, pudo arrancarle el tan ansiado sí.
Inscribieron a su hija en la Academia Gaeta, propiedad de Domingo Gaeta, ubicada en la entonces llamada calle Cangallo 1610, donde aprendió las primeras lecciones de danzas españolas y clásicas, y donde coincidió con unas mellizas, muy simpáticas y bonitas, que también tomaban clases de baile. Eran las hermanas Martínez Suárez, a quienes les decían cariñosamente Chiquita y Goldi, las que más tarde serían famosas bajo los nombres de Mirtha y Silvia Legrand. Beatriz siempre recordaba un corso de la Avenida de Mayo, en el que desfiló en una carroza, con un traje de española que su madre le confeccionó especialmente para la ocasión, y en el que también participaron las hermanas Legrand, vestidas con trajes de lagarteranas
Silvia Legrand relata: “Me acuerdo que ella llegó a la academia del profesor Málaga con su mamá, que era una mujer preciosa, muy bonita, y desde el momento que entró ya se vio que tenía luz propia, se notó enseguida que iba a ser una estrella, y así fue. Con el correr de los días se fue perfeccionando. Su voz, maravillosa, se fue acentuando y afianzando cada vez más, a medida que crecía…. Recuerdo cuando nos presentamos en el Teatro El Nacional, para el festival de fin de año que preparaba la academia, ella cantando y mi hermana y yo bailando. Betty tuvo un éxito extraordinario, un aplauso impresionante…para Chiquita y para mí, ella siempre fue Betty, no le decíamos Lolita”. (Febrero 2007)
Beatriz Mariana sentía pasión por la música española sin que nadie hubiera influido en esa inclinación que se dio natural y espontáneamente en ella. El maestro Marcial Málaga, su profesor de la Academia Gaeta, donde en principio sólo asistía para aprender danzas, en oportunidad de hacerle una prueba de canto quedó asombrado. Entonces citó a sus padres y les habló con total franqueza, indicándoles que, a su juicio, esa chica tenía condiciones notables, por lo que les sugirió que no perdieran el tiempo ni las ignoraran. “Tiene ángel. Tiene `maera´. Ha nacido para ser una estrella”, les dijo.
Betty estaba feliz, radiante. Esto era lo que realmente le gustaba hacer. Tenía una soltura y una gracia no común en las niñas de su edad, lo que quedó de manifiesto cuando cantó y bailó para un festival escolar en el Teatro Roma, de Avellaneda. Tenía ocho años. Sin saberlo, sin siquiera darse cuenta, estaba realizando su debut artístico. Su verdadero destino estaba dando las primeras e inconfundibles señales.
A los 9 años tomó la primera comunión en la Catedral de Avellaneda, con un hermosísimo traje blanco, confeccionado también por su madre, que ella lucía orgullosa y feliz.

Beatriz escuchaba radio habitualmente. Un anuncio, en la audición “Nuevas caras para el cine nacional”, que dirigía un personaje con el seudónimo de “La dame de pique”, en Radio Splendid, llamó su atención: se pedían damitas jóvenes para el cine y, para ello, las interesadas debían mandar una fotografía a la emisora. Buscaban a una jovencita y Betty era apenas una niña, pero eso no le parecía más que un detalle sin importancia que no sería impedimento para rogar cuanto hiciera falta. Y tanto insistió y tanto zalamereó a su madre, que fue esta quien, una vez más, se ocupó de convencer a Pedro. La primera reacción del hombre fue una firme negativa, que luego dejaría de ser tan firme frente a la dulzura de Angélica y el entusiasmo de Betty. Estas razones, sumadas a aquellas palabras que escuchara de boca del maestro Málaga indicándole que su hija tenía “maera”, fueron los argumentos convincentes que le hicieron ceder en su determinación.
La fotografía fue enviada y, ante el asombro de los padres, que estaban seguros de que no la llamarían debido a su corta edad, Beatriz Mariana Torres fue convocada para una prueba en Radio Splendid. Betty se hallaba frente a la radio, esperando que dieran a conocer los nombres de las afortunadas que serían requeridas para la prueba. Conteniendo los nervios y la incertidumbre “de pronto, en medio de otros, escuché mi nombre. Parecía un sueño pero, en cambio, era verdad. Daba saltos de tan contenta que estaba y, mientras saltaba, se me apuraban las palabras en la boca sin poder contenerlas, me abrazaba a mi madre que no podía pararme, sin terminar de dar crédito a lo que estaba pasando. Sentí que tenía el cielo tan cerquita que hasta podía tocarlo con las manos.”
Pedro, por su parte, no estaba tan contento como Betty con esta situación. El mundillo artístico le atraía pero le asustaba también. Sin embargo, era imposible no acceder a los requerimientos de su hija cuando veía esa carita plena de ilusión. Concurrieron a la cita los tres. Ni bien la vieron los organizadores del certamen, supieron que no sería seleccionada, pues esa niña era demasiado “niña” para el rol de “damita joven” que necesitaban cubrir. Aún así, un poco por compromiso y otro poco por no desilusionarla bruscamente, le preguntaron qué sabía hacer. La chiquita, muy suelta de cuerpo y con gran seguridad, dijo “Yo sé cantar”. Y cantó nomás. Eligió una marcha muy de moda en aquellos tiempos “Horchatera Valenciana”, que entonó completa y a capella. Cuando terminó, todos los que estaban allí presentes, quedaron perplejos. No podían creer que aquella niñita, de tan menuda figura y apenas once años de edad, cantara de tal manera. En esa ocasión, estaba presente el famosísimo actor Manolo Perales que, al escucharla, se acercó a su padre y le dijo que la llevara al teatro Avenida, donde estaba trabajando el músico y director de orquesta Ramón Zarzoso. Así lo hicieron. El maestro Zarzoso, quien tiempo después aportaría mucho de su rica experiencia a la carrera artística de la niña, quedó conforme de inmediato con la prueba que Betty acababa de rendir. Más tarde fueron convocados los empresarios, quienes al presenciar otra prueba de la pequeña, intuyeron que estaban frente a una futura gran artista, por lo cual decidieron contratarla e incorporarla a la programación de su teatro. La protagonista de esta historia siempre relató de este modo aquellos primeros pasos en el Teatro Avenida. Sin embargo, no sería justo soslayar otra versión, la de Ramón Zarzoso, que da cuenta de aquel inicio artístico de la niña con alguna sutil diferencia. Según el músico, el día que llevaron a Betty al teatro, él mismo le tomó una prueba, y sintiéndose conforme con sus condiciones, la invitó a incorporarse a su grupo de alumnos. Luego de un año de ser su profesor y enseñarle técnicas de canto, e inclusive todo lo relativo a los distintos acentos regionales, decidió hacerla debutar. Más allá de la discrepancia entre ambas versiones, la realidad es que el 8 de mayo de 1942, Betty debutó en el Teatro Avenida, en el espectáculo “Maravillas de España”, en la compañía formada por Pepita Llaser (especialista en jotas aragonesas), Ana María González (cantante mexicana muy famosa) y Lita Enhart. Hasta entonces, Betty sólo había actuado en los festivales de la escuela organizados en el Teatro Roma y Colonial, y en los de la Academia Gaeta, pero aún así hacía gala de nombre artístico: la Maravillita Argentina. Muestra de ello fue un certificado de estudios de esa institución, que la artista conservó enmarcado durante toda su vida, que rezaba “por cuanto la niña Beatriz Torres, `la Maravillita Argentina´, ha concluido sus estudios de danza (…)”. Sin embargo, para su próximo gran debut profesional, se les aconsejó elegir otro nombre, más hispánico y más personal. Muchas eran las posibilidades que se barajaban y costaba decidirse, por lo que se decidió organizar una reunión familiar y se convino que cada uno de los presentes pusiera un nombre en un papelito, los cuales serían mezclados dentro de un sombrero. El tío Héctor, hermano de Pedro, fue el encargado de tomar uno sin mirar y, casualmente, sacó el papel que él mismo había puesto con un nombre elegido para su sobrina. En él decía Lolita. Y desde ese día, y para siempre, con el bautismo del tío Héctor, el nombre de Lolita Torres la acompañaría en cada uno de sus pasos y la haría famosa no sólo en su país sino en otros absolutamente impensados en aquellos comienzos. El gracejo y el acento hispánico brotaban en ella de un modo tan natural que, en un ardid publicitario de los empresarios, se decidió presentarla como una españolita recién llegada al país. La publicidad anunciaba “una revelación de la canción andaluza”. Poco tiempo después sus padres exigieron que se aclarara esa circunstancia y se informara al público la verdadera situación.
El escenario del Avenida la veía irrumpir en él, enfundada en un trajecito andaluz color cereza y con sombrero cordobés. Cantaba “Corre Castañuela”, “Plazuela de Santa Cruz” y “Madrid y Sevilla”, provocando una verdadera ovación del público que disfrutaba de su voz y, también, de su simpatía.
Pero pronto, Lolita Torres, conocería el sabor amargo de la primera desilusión. A los nueve días de haber debutado, fue separada de la compañía. Los empresarios pidieron repetidas disculpas a su padre pero, la figura central del espectáculo, Pepita Llaser, no podía soportar los aplausos que esa niñita le robaba, por lo tanto les “sugirió” que su contrato fuera interrumpido de inmediato. La noche en que Pepita escuchó que una dama del público le gritó a la pequeña cantante “varita de nardo, no te quiebres”, y otra agregó: “eres el Cristo vestido de andaluz”, fue la última en que Lolita formó parte de la compañía. No resulta nada difícil imaginar cómo aquel castillo de ilusiones que la incipiente artista había levantado en su cabecita y en su corazón, se desplomaba repentinamente, sin poder hacer nada por impedirlo.
Sin embargo, una de cal y una de arena, en el Teatro Avenida la había escuchado Pedro Osvaldo Valle, director de Radio El Mundo que era, por aquel entonces, la radio más importante y más escuchada del país. La contrató sin pensarlo demasiado, deslumbrado por la voz de aquella nena que, estaba convencido, sería con el correr del tiempo una exitosa cantante. A los pocos días, Betty debutaba en Radio El Mundo, presentada por Jaime Font Saravia, con público presente, en el gran auditórium de la calle Maipú, acompañada por una orquesta de treinta músicos que dirigía el maestro Dajos Bela, y tocando las castañuelas. Durante nueve años consecutivos seguiría trabajando en aquella emisora, al mismo tiempo que crecía su fama y sus condiciones artísticas se afianzaban. Desde entonces y a lo largo de tantos años de labor radial, se sucederían en las presentaciones, Horacio A. Zelada, José Castro Volpe y nuevamente Jaime Font Saravia. Según la misma Lolita comentara muchos años después, su primer presentador en radio fue Jorge Omar del Río, y aunque ha sido imposible para la autora encontrar testimonio de ese hecho, no puede tampoco descartarse su veracidad.
Refiriéndose a aquellos comienzos de 1942, siendo ya una mujer, la artista recordaba “Era gracioso ver como a la salida de la radio, aquellos muchachos que desesperaban por verme y pedirme un autógrafo, ni siquiera me reconocían cuando pasaba a su lado. Y es que ya sin tacones altos, sin maquillaje y con zoquetes, no parecía ser la misma que todos habían aplaudido momentos antes.
-¿Mamá, cuándo dejaré de usar zoquetes? -preguntaba siempre a mi madre.
-Ya llegará el momento, Betty, ya llegará -me conformaba ella dulcemente.
-Pero mamá, yo quiero que me reconozcan. Yo quiero firmar autógrafos. -me quejaba.
-Betty, sos chiquita todavía. Ya usarás tacos y maquillaje cuando salgas a la calle. Todo llega hija, sólo hay que esperar el momento adecuado –me decía con tierna paciencia.
Pero yo tenía la sensación, igual que todos los chicos, de que ese momento en que una comienza a hacer las cosas que hacen los mayores se hallaba demasiado lejano”.

En una emisión de radio la escuchó cantar un empresario próximo a inaugurar un local en la Avenida Corrientes y Florida. Se propuso contratarla, convencido de que sería un verdadero éxito para su colmao, por lo cual se presentó a don Pedro Torres y entró en tratativas con él y, aunque a este no le conformaban los lugares con mesas donde a la gente, según su criterio más agudo, le importaba más lo que bebía que el espectáculo que tenía delante, el empresario lo convenció garantizándole la seriedad que tendría el reducto, a pesar de ser nocturno, y prometiéndole un digno marco para la actuación de su pequeña hija. Se trataba de “El Tronío”, lugar que pasaría a ser de los más prestigiosos en su género. Luego de la breve experiencia del Teatro Avenida, sería sobre este escenario donde su infantil ilusión jugaría a ser una artista de verdad. Para poner en marcha el preciado anhelo, fue necesario solicitar un permiso especial, ante el Juez de Menores, que la habilitara para trabajar de noche.
En tanto, mientras aquellos sueños que había acunado tomaban formas y colores reales, Betty se preparaba con maestros particulares para rendir el sexto grado libre. Seguía jugando con sus muñecas, a veces sola, a veces en compañía de alguna amiguita. Y paralelamente, su nombre artístico comenzaba a hacerse conocido.
El periodista Aníbal M. Vinelli, para el diario Clarín, del 15 de septiembre de 2002, ofrece una pincelada del contexto en el que comenzaba la carrera de Lolita: “Aquellos principios de la década del cuarenta fueron tiempos irrepetibles, en los que diversos acontecimientos provocaban en la Argentina un verdadero furor por todo lo español. El espectro, muy amplio, abarcaba, siempre a partir de la entrañable herencia del lenguaje común, desde las peleas entre leales y rebeldes (léase republicanos y franquistas) en las puertas del diario Crítica hasta una suerte de sustitución de importaciones. Por la Guerra Civil no llegaban películas de esa procedencia pero sí artistas de primerísimo nivel: a lo largo de los años nombres fundacionales como Miguel de Molina, María Antinea, El Niño de Utrera, Angelillo y tantos.(…)En la mejor tradición de tantas vocaciones Lolita creció, junto con el dominio del oficio, desfilando por incontables tablaos.”

En “El Tronío” la acompañaba con sus bailes Paco Reyes, quien a la vez era director del espectáculo. Asistía al lugar la gente más selecta de Buenos Aires, que se deslumbraba ante esa jovencita de delgada figura que, vestida con trajecito andaluz, capa y sombrero, hacía las delicias del público, con simpático estilo y agradable voz.
Una figura de gran significación en aquellos comienzos de su carrera fue, sin lugar a dudas, el maestro Francisco “Paco” Marrodán, compositor de infinidad de temas musicales quien, adivinando en ella a una artista de gran proyección, la guió y le brindó sus más preciados consejos. Seducido por su voz y simpatía, compuso especialmente para ella un pregón que llevó por título “El caramelero”. Lolita lo entonaba llevando en su brazo una canastita llena de caramelos, que arrojaba al público a medida que cantaba, sumando una pintoresca nota a su actuación. El tema fue un éxito rotundo. El público salía de la sala tarareando la canción y, en la calle, ya comenzaba a hablarse de “el caramelero de El Tronío”. Un dato curioso y lamentable, en cambio, es que a pesar del éxito y la gracia de esa canción, Lolita jamás la llevo al disco. Sólo fue grabado por la cantante María Luján, quien por entonces se hacía llamar artísticamente Teresita de Ávila, con acompañamiento orquestal del propio Francisco Marrodán. Y, si hubo alguien que, a más de sesenta años de los hechos, podía ponerle matices al relato de estas vivencias, ese era justamente `Paco´ Marrodán, de maravillosos noventa y cuatro años, al momento de esta entrevista, quien así relató su experiencia: “’El Tronío´ se inauguró conmigo y yo compuse la marcha característica del colmao. Estaba ubicado en Corrientes 561, y contaba con salas grandes, hermosísimas, tres en total. Al bajar, era una especie de boite, donde sólo se escuchaba piano y violín. En la de más abajo se exponía el verdadero flamenco, y a continuación estaba la sala grande. Tres locales bajo mi dirección musical. Tenía una orquesta grande, de diez músicos, a veces quince, todos ellos de primera línea. Teníamos cantantes, bailarines, cómicos. Era muy importante todo aquello. Hacíamos tres funciones diarias: matinée, vermouth y noche, con los mismos artistas. Asistía muchísima gente, de la más distinguida, para tomar una copa o para cenar. Se lo llamaba `La Catedral del Varieté´ y fue una época en la que reconozco que gané mucho dinero. Cuando Lolita vino a El Tronío, yo mismo le tomé una prueba e inmediatamente la contraté. Compuse para ella `El Caramelero´ y fue un éxito bárbaro. Es una canción inspirada en una imagen que guardaba en mi memoria, acontecida en la estación de trenes de La Rioja, España, país del que procedo. Una fábrica de caramelos enviaba a unas chicas a regalar sus caramelos a las personas que estaban por ahí. Cuando ví a Lolita, con todo su salero, recobré ese recuerdo y le dije `te voy a hacer una canción´. Le pedí a Mariano Llabona que me hiciera la letra y así nació aquel pregón. Ella era muy graciosa para cantarlo y enseguida hizo famosa mi canción. Lolita me quería mucho, nos llevábamos muy bien trabajando y siempre me pedía que la acompañara en otras actuaciones fuera del colmao. Y así era. Hice para ella también un pasodoble “La molinera” y otro pregón, pero el verdadero éxito fue `El caramelero´. Yo también la quería muchísimo porque era muy buena. Y sumamente inteligente. Tenía una voz muy bonita y gran facilidad para la música, todo le resultaba fácil. `El Caramelero´ se lo hice escuchar sólo una vez y ya lo aprendió. Tenía aptitud natural. Era artista por naturaleza. En los últimos años de su carrera, Lolita volvió a incorporar aquella canción a su repertorio. Me llamó un día y me dijo `Marrodán… maestro…voy a poner El Caramelero como primer número. Vaya a Sadaic a cobrar porque lo estoy cantando otra vez” – El músico Paco Marrodán se mostraba orgulloso al recordar esa actitud de Lolita. “Yo compuse muchas canciones a lo largo de mi vida, como por ejemplo `Tengo una vaca lechera´ y también `Mañana por la mañana´, que cantaba Hugo del Carril. Trabajé con el Niño de Utrera y con Miguel de Molina, a quien conocí en un cabaret de Barcelona, y venía a verme actuar todas las noches, siempre lo tenía pegadito a mí. También con Angelillo y con María Antinea, con quien trabajé muchísimo. María Antinea tuvo un problema terrible cuando llegó Lolita a `El Tronío´, porque Lolita `se la tragó´, gustó más. La verdad fue que arrasó con todo, tuvo un éxito colosal. Un día María me dijo, con tono muy firme, `me voy´ y luego, muy preocupada, agregó `pero me quedo sin música…´ Entonces, me puse a escribir las partituras de todo el repertorio que ella hacía conmigo para que se las llevara y pudiera trabajar. Concluyendo, la actuación de Lolita fue un golazo. Tenía mucha chispa, una personalidad bárbara, a pesar de ser tan chiquita. Es que había nacido artista y eso enseguida se nota. Sus padres me apreciaban muchísimo y se portaron muy bien conmigo, completamente desinteresados”. (Enero 2005)

El maestro Gaspar Lozano, de origen vasco, fue también otro de los profesores de Lolita. Él fue quien le enseñó a vocalizar, impostar y respirar correctamente “Pero sucedía también que, aquellas técnicas que aprenden y manejan los cantantes, surgían en mi, espontáneamente. No me costaba nada. Por otro lado –solía explicar cuando, ya triunfadora, se le preguntaba por aquellos comienzos- la inconsciencia y el desenfado propios de la niñez, tan naturales de esa edad, me aportaron un grado de aplomo y seguridad escénica que me fueron de gran utilidad para dar aquellos primeros pasos”.

Los padres de Lolita disfrutaban con verdadera satisfacción al verla desplegar todo aquello que brotaba desde su fibra más íntima. Su imagen crecía día a día y ya la convocaban desde otros centros españoles. Aquel mundo fantástico en el que desde siempre había entrado con su imaginación y con su más férreo deseo, levantaba ahora su telón para que ella, Lolita Torres, entrara a escena con la más contundente de las realidades: su talento natural. Nunca tuvo una explicación lógica sobre el por qué de su inclinación al cancionero español. Y es que las cuestiones de los sentimientos no hallan razones lógicas, simplemente se sienten. “Fue de nacencia, como dicen los españoles” explicaba la misma Lolita, muchos años después, cada vez que era requerida sobre el tema. De sus primeras actuaciones solía contar una anécdota: “Un día le aseguraron a mi padre que el bacalao ayudaba a aclarar y mejorar la voz, además de fortificar las cuerdas sensibles, permitiendo dar notas más altas. Entonces, en una ocasión antes de actuar me puse un trozo de bacalao en la boca y comencé a mascarlo lentamente. Me llamaron a escena y yo estaba tan compenetrada que no noté que entraba en el escenario sin quitármelo de la boca. Sólo me di cuenta cuando empecé a cantar y no sabía que hacer con él. Estaba desesperada, no podía escupirlo, así que lo acomodé como pude a un costado, y seguí adelante con no poca dificultad. Es más, por momentos pensé que no iba a poder continuar”.
Dos nuevas experiencias acontecerían en su vida en 1944. Por un lado, el director Luis Bayón Herrera, luego de verla actuar en El Tronío, la contrata para su película “La danza de la fortuna”, cuyos protagonistas eran nada menos que Luis Sandrini y Olinda Bozán. En el film cantaba dos canciones además de jugar unas escenas con don Luis en las que, por única vez en su carrera cinematográfica, encarnaba a una mesurada villana. Muchos años después, para el diario Clarín, la misma Lolita relataba aquella experiencia: “Esa propuesta para ingresar al cine me provocó una sensación de ensueño. Llegué a la filmación con mamá y papá, vestidita de nena. Porque los trece años de ese momento no eran los trece años de ahora. En la actualidad, las muchachas lucen físicos imponentes; en cambio, en ese entonces yo era una nena. Corrían otros tiempos… En la misma jornada canté los dos temas que se habían seleccionado, que eran los que don Luis y Bayón Herrera me escucharon en el Tronío. Hice primero ‘El gitano Jesús’, calzando trajecito blanco de hombre y sombrero cordobés, y luego ‘Te lo juro yo’, con ropa que había bordado mi mamá, una especie de fantasía andaluza. (…) Estar junto a don Luis y a Olinda en ‘La danza de la fortuna’ fue un gran espaldarazo artístico en mi carrera. Por lo demás, encaré esa participación con una enorme ilusión porque para mí el cine era un mundo maravilloso.”
La danza de la fortuna”, sobre un argumento de Leopoldo Torres Ríos, fue continuación de “La casa de los millones”, por lo que retomó los personajes centrales de esta última: el de la millonaria Fulgencia y su mucamo Florencio Rico, quien se casa con aquella en ‘artículo mortis’ y se dedica a dilapidar el dinero de su mujer. El personaje de Lolita, fue el de La Niña de la Ventera, una cantante que sin disimulos se interesa en el dinero de aquel. La película se estrenó el 13 de abril y se constituyó en un filme “de eficaz comicidad” según sostuvieron las críticas cinematográficas de la época. Aunque esta producción significó el debut cinematográfico de Lolita, tiempo después la misma artista supo confesar que su primera actuación en ese ámbito aconteció en “Bruma en el Riachuelo”, film dirigido por Carlos Schlieper, estrenado en 1942, y en el que participó como extra, luego de ganar un concurso. “Sin embargo -decía sonriente Lolita- sufrí un tremendo desencanto cuando, al ir a ver el estreno junto a toda mi familia y compañeras del colegio, descubrí que no se me veía en absoluto, ya que pasaba desapercibida en una multitud de personas”.

El 15 de febrero del mismo año, Lolita grabó su primer disco -placa de pasta y 78 rpm- con las mismas canciones que cantó en la película. Fue para el sello Odeón y se vendió como pan caliente. Un mes después, el 28 de marzo más exactamente, grababa para la misma discográfica su segundo disco, que incluía la canción “Para el carro” y el tanguillo “María Manuela”.

Fue en el transcurso de este año 1944 cuando realizó su primer viaje al exterior, junto a sus padres, presentándose en el vecino país de Uruguay. Muchos años después contaría sonriendo “Cuando fui a Uruguay estaba tan feliz, que ya me sentía una artista internacional. Debuté en ‘La Mezquita’, que estaba en una calle paralela a la 18 de Julio. Aún muchos recuerdan esa etapa de ‘La Mezquita’. Era parecida a ‘El Tronío’ pero más chica”.
A pesar de su corta edad y su creciente popularidad, seguía siendo una niña o una jovencita ya, de costumbres sencillas, a la que le gustaban las cosas simples y sin estridencias. Sus padres se habían ocupado de que esto fuera así, conversando mucho con ella, enseñándole a no llevarse el mundo por delante y ayudándole a mantener los pies sobre la tierra. “Mi padre siempre me decía `Aún no sabés nada. Para ser una verdadera artista tenés mucho que aprender ´. Pretendía de este modo que yo no tuviera `pajaritos en la cabeza´. Por otro lado, como cantar era algo que hacía desde muy chiquita, lo vivía como algo inherente a mi personalidad, como un juego más de mis pocos años. Entonces no tuve oportunidad de sentirme diferente o mejor o superior a mis amigas. También me inculcaron el respeto por la profesión. Si el arte iba a ser mi camino de toda la vida, tendría que transitarlo con gran responsabilidad y seriedad absoluta”. Aquellas pautas de vida, junto a otras que más tarde irían vertiendo en su espíritu, impregnarían definitivamente su esencia y quedarían grabadas para siempre en su mente y en su personalidad.
Apenas un poco más adelante, le es ofrecido a Pedro Torres un contrato cinematográfico por cinco años para que su hija filme para la empresa Lumiton. El hombre, luego de meditarlo, desechó la oferta. Para Lolita, ávida por continuar incursionando en ese universo de la pantalla grande que tanto le había fascinado, la desilusión fue inmensa y la llevó hasta las lágrimas y la angustia. Si bien confiaba plenamente en todas las decisiones que su padre tomaba, esta fue una determinación muy dura de aceptar porque su real deseo era firmar el contrato y dejarse llevar a ese mágico mundo de los estudios cinematográficos en los que podría ser protagonista de quién sabe qué historias. Sin embargo, don Pedro Torres volvió a exponer sus más sólidos argumentos, explicitando que estaba auténticamente convencido de que no era oportuno para su hija hacer cine a tan corta edad. Tenía la certeza de que la gran ocasión llegaría más tarde, cuando ella fuera un poco mayor. Finalmente, logró hacerle comprender que, de aceptar la propuesta de Lumiton, no surgirían guiones apropiados para ella. “A tu edad ¿qué historias podrías filmar?”, le habría preguntado Pedro a su hija. “No será conveniente para tu carrera, por lo tanto, es mejor esperar”. Y ella, que muy poco cuestionaba a su padre, aceptó la explicación, convencida también de que, una vez más, él no se equivocaba. Ni siquiera se tuvo en cuenta la posibilidad de un contrato más corto ni el análisis de probables guiones. La decisión estaba tomada y el cine debería aguardar una nueva oportunidad.



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CAPÍTULO II


“Desde que nace el día hasta que muere el sol
resuena en mis oídos el eco de tu voz.
Tus cantos amorosos, arrullos de otra edad.
A solas en mi cuarto te sueño con afán.
Madre del alma mía yo no te olvido, no”
(3)

En el verano de 1945 Betty viaja, en compañía de sus padres, para actuar en Mar del Plata. La experiencia sería fantástica ya que se conjugarían los compromisos laborales con las ansiadas vacaciones familiares. Todo transcurría normalmente, de acuerdo a como lo habían programado. Angélica disfrutaba con orgullo del crecimiento artístico de su amada hija, y siempre solía decirle “En el arte, hay que llegar a lo más alto, de lo contrario es preferible quedarse quieto, no intentarlo siquiera”, y hacia esa consigna Lolita apuntaba con empeño. Al margen de lo concerniente a su carrera artística, Betty sostenía largas conversaciones con su madre acerca de los preparativos para su fiesta, dado a que el siguiente 26 de marzo, cumpliría los tan anhelados quince años. Sin embargo, algo no resultaría como estaba previsto… Un hecho trágico empañaría definitivamente aquella ilusión y su vida toda. Cierto día, madre e hija estaban caminando por la rambla marplatense, disponiéndose a tomar algunas fotografías cuando, infortunadamente, Angélica resbaló y cayó sobre unas rocas, recibiendo fuertes golpes que obligaron a su internación. Tenía varias fracturas en la pierna pero, lo verdaderamente serio y comprometido, lo que preocupaba hondamente a Pedro Torres, era que su mujer había sufrido un fuertísimo golpe en el hígado, originándole una serie de hemorragias que se tornaron incontrolables. Aunque rogaban que se produjera un milagro, esto no llegaría a suceder: María Angélica Coton murió el 20 de febrero, a los treinta y tres años de edad, tras haberle sostenido a la vida una lucha desigual, prácticamente desarmada. El dolor profundo, ese que se siente y no puede explicarse con palabras, le asestaba a Betty el primer golpe brutal en su, hasta entonces, feliz vida.
Los restos de Angélica fueron trasladados a Buenos Aires, siendo velados en la casa donde vivían desde hacía un tiempo, ubicada en la calle San Juan 1360 de la Capital Federal.
A partir de la trágica instancia que les tocó vivir, padre e hija se apuntalaron mutuamente. Años después, así recordaba Lolita aquella etapa “Cuando uno caía, ahí estaba el otro para ayudarle a levantarse. Cuando uno lloraba, el otro lo consolaba y lo animaba con su sonrisa”. Forzados por la desgracia, ambos se transformaron en un bloque indivisible.
Una tía, hermana de Pedro, casualmente llamada igual que su madre, se convertiría a partir de aquellas circunstancias, en su mejor compañera. La tía Angélica le puso el hombro a su sobrina a quien, por otra parte, quería con devoción, y como además no tenía hijos podía dedicarle todo el tiempo necesario. A partir de entonces, además de su tía, fue su guía, su amiga y confidente. Muchos años después, Lolita la recordaba con gran amor y gratitud: “Se pegó a mí, me ayudó en todo, solíamos tener largas horas de charla, tomando el té en alguna confitería del centro de la ciudad. La tía Angélica me escuchaba y me aconsejaba y, para mi suerte, no sólo era una mujer cariñosa y alegre, sino también muy moderna para los tiempos que corrían, un valor inestimable para una jovencita de mi edad. Con ella podía hablar de todo, sin tapujos ni pudores”.
El trabajo resultó ser un gran aliado. Así fue que pasados los primeros meses debutó en “Goyescas”, una sala muy importante dedicada a la música internacional, ubicada en Sarmiento 777. Por otro lado, partió en gira a Chile, donde cumplió actuaciones en radio y en el “Lucerna”, que era a la vez confitería, salón de té, y boite (cuatro años más tarde, en enero de 1949, el “Lucerna”, quedaba totalmente destruido como consecuencia de un voraz incendio). Continuaba con sus presentaciones por Radio El Mundo y, de su paso por la emisora, años después recordaba: “Hice en ella nueve años consecutivos, cuando estaba en Maipú 555. Entrar a ese edificio era como hacerlo en una catedral. En ese entonces estaba en manos de la Editorial Haynes. Las audiciones se hacían con público y cada emisora tenía su orquesta estable, en las que llegaban a tocar hasta treinta músicos bajo la batuta de grandes maestros como Castellanos, Dajos Bela, Balaguer y Guillermo Cases. Con todos ellos canté hasta que impuse a mi propio director y llevé al maestro Zarzoso.” Efectivamente, a partir de 1948 Ramón Zarzoso pasa a ser su director y junto a él, sin ninguna duda, grabaría en adelante sus más importantes sucesos.
Muchos eran los admiradores, mujeres y hombres, que le escribían cartas en las que manifestaban sentimientos de simpatía y admiración y, en muchos casos, Lolita contestaba. Con uno de ellos, en particular, mantuvo correspondencia con cierta frecuencia y, en ese ir y venir de confesiones, surgieron las primeras afinidades que luego dieron lugar a la ansiada cita. El muchachito, que tenía unos diecisiete años, muy rubio y de origen inglés, agradó inmediatamente a Lolita y también contó con el visto bueno de la tía.
Se vieron por un tiempo, a escondidas del padre y con la complicidad de la incondicional tía. Con él fue su primer beso de amor y los primeros sueños de juventud. Sin embargo, con el paso del tiempo, el novio comenzó a manifestar tales sentimientos de celos, que llegó a exigir a su novia que abandonara su carrera artística porque deseaba la exclusividad de su corazón. Aquella actitud fue suficiente para que Betty comprendiera que no estaba tan enamorada como suponía, ya que de ninguna manera estaba dispuesta a tamaño sacrificio en nombre del amor. De mutuo acuerdo, y en buenos términos, decidieron poner punto final a aquella relación juvenil, que tanto había tenido de romántica y secreta.
Luego, aparecieron otros noviecitos, siempre a escondidas del celoso y estricto padre, que no llegaron a prosperar. En cierta ocasión, se hizo público un posible romance entre Lolita y el cantante del trío mexicano Los Calaveras pero, si de verdad fue así, su padre tomó las medidas necesarias para que esa relación no pasara a más, por lo que prácticamente quedó concluida casi antes de comenzar.
En el plano artístico, su éxito se afirmaba con precisión de relojería. Su repertorio, íntegramente español, con mayoría de canciones que referían a una España lejana y añorada, se identificaba con la nostalgia del inmigrante hispano y, también, daba en el gusto de los argentinos que, gradualmente, habían hecho un lugarcito en sus predilecciones para alojar los distintos ritmos musicales llegados desde la península ibérica, de la mano de aquella corriente migratoria que recaló en nuestro país desde hacía varias décadas y que, ahora y hasta la primera etapa de los años cincuenta, estaban en su esplendor.
Ya en 1946 Lolita viajó a Uruguay, desde donde la requerían para cantar en Radio Carve, de Montevideo. También viajó a Brasil, cumpliendo presentaciones en varias ciudades: Pozo de Caldas, Guarujá, San Pablo, Santos, Pernambuco y Puerto Alegre.
El 4 de Octubre, debutó en el Teatro Casino, ubicado en la calle Maipú 336, con la opereta “Za Za”, cuya estrella principal era el cantante italiano Carlo Butti. En el elenco se destacaban Pierina Dealessi, Tomás Simari y Fanny Navarro. Lolita personificaba en esa oportunidad a la Bella Otero y el programa de la obra realzaba su nombre, con la observación “primera vez en el teatro”.
En noviembre, “Za zá” pasó a ocupar el horario de la segunda sección, y en la primera, se estrenó “Taxi…al Casino”, revista en la que Lolita también participaba, formando parte del elenco de la “Gran Compañía Argentina de Revistas Cómicas”. Cuando “Za zá” bajó de cartel, se puso en su lugar otro espectáculo de tipo revisteril, “Las cosas que están pasando”, cuyo elenco encabezaban Pierina Dealessi y Tomás Simari, además de contar con la presencia de Fernando Borel, Adolfo Stray, Marcos Zucker y Vicente Rubino. Ambos espectáculos contaban con la dirección musical de Egidio Pittaluga. El sentido del humor propio de aquellos espectáculos se adelantaba desde la nota pintoresca que incluía el programa de mano entregado al público: “Gran desfile cómico, acuático y terrestre, en muchos cuadros de actualidad, original de Alberto López y Antonio Pérez”, o el correspondiente a la segunda función: “Gran panorama mundial en varios cuadros cómicos, líricos y bailables, tomados a vuelo de pájaro, por Alberto López y Antonio Pérez”.
En 1947, Lolita volvió a integrar el elenco de la “Gran Compañía Argentina de Revistas Cómicas”, en “Volvió Carlo Butti”, cuyo elenco encabezaba el citado cantante, e integraban, entre otros, Diana Maggi, Marcos Zucker, Teresa Valdor y Vicente Rubino.
Contratada por la cadena CMQ, que dirigía Goar Mestre, inició una gira por Cuba primero, y por México después, presentándose en radios y teatros de ambos países, además de la boite “El Patio”, reducto mexicano en el que se presentaban las figuras internacionales más importantes del momento, y en el que Lolita debutó el 31 de julio. El éxito obtenido en La Habana, fue tan importante que, concluidos sus compromisos en México, debió regresar a Cuba para recorrer distintas ciudades del país. Sin embargo, sus apenas diecisiete años, le impedían ampliar esta gira hasta otros país del norte. Una crónica de entonces, de la revista Radiolandia, da cuenta de estos episodios: “Luego de cumplir una triunfal temporada en México, donde fue aplaudida en ‘El Patio’, el teatro Iris, y la más poderosa red radiotelefónica azteca, ha vuelto a Cuba, a fin de actuar nuevamente en La Habana y ciudades del interior de la isla, donde anteriormente señalara una verdadera sensación. La joven cantante argentina, consagrada como intérprete de motivos populares españoles, regresará a Buenos Aires para fines del corriente año, ya que, en razón de su edad, no le ha sido posible aceptar contratos extraordinarios que le ofrecían empresarios norteamericanos para llevarla a Nueva York y California, ignorando que nuestra compatriota no tiene aún los dieciocho años que las leyes norteamericanas exigen para quienes actúan en espectáculos públicos.”
En marzo de 1948, en el Teatro Comedia, integró la “Compañía de Revistas Cómicas”, con Alberto Anchart y Blanquita Amaro a la cabeza, con dos revistas en cartel. Una de ellas, “Reunión de estrellas en Paraná y Corrientes”, comenzó ofreciéndose a las 21.15 hs., y agregaría desde abril una función por la tarde. La otra, “El teatro contra el cine”, se ponía en escena a las 23.15 hs. El programa de mano y la publicidad gráfica, en recuadro especial, recalcaban “En ambas revistas actúa Lolita Torres, el alma de España hecha canción, bajo la dirección musical de Ramón Zarzoso.” En el primero de los dos espectáculos, la cantante protagonizaba un cuadro llamado “Reja Sevillana” y, en el segundo, otro titulado “Estampa Mora”, que más tarde cambiaría por “Cantares de Andalucía”. Las dos revistas pertenecían a Carlos A. Petit y Antonio Prat. Las crónicas de la época daban cuenta de que “Lolita Torres es muy aplaudida y sus actuaciones son dignas de los más caros elogios.”
Pero a pesar de que estas experiencias en el género de la revista musical le significaron éxito y buenas críticas, lo cierto era que no se sentía del todo cómoda participando en espectáculos de esta naturaleza, por lo que finalmente decidió abandonarlo y continuar por otros caminos que mejor se ajustaban a sus preferencias.
Uno de los escenarios a los que le dio placer volver fue el de Goyescas. Mario Clavell, compositor de páginas que han sido y son éxito rotundo en todo el mundo, daba sus primeros pasos en la misma sala que Lolita se presentaba y, de aquella experiencia, suma afectuosamente este recuerdo: “Tuve el gusto enorme de conocer, escuchar y aplaudir a la inolvidable Lolita Torres en un salón de variedades musicales que tuvo mucho éxito, durante varios años, presentando grandes figuras artísticas internacionales, que fue "Goyescas". No puedo evitar emocionarme al mencionarlo, porque fue precisamente en esta sala donde conocí al popular tenor mexicano Juan Arvizu, que fue mi descubridor. Él estrenó mis primeras canciones y me presentó a la Editorial Julio Korn, que comenzó a difundirlas. Yo había debutado en 1947 en "La Coupole", elegante sala de la Avda. Córdoba, y posteriormente, mi buena estrella me llevó a cantar en "Goyescas", donde la querida Lolita Torres era la figura estelar de la sala. La recuerdo con emoción. Ella tendría entonces unos diecisiete años y venía de triunfar en muchos escenarios. Llegaba siempre del brazo de su padre, a quien también recuerdo con afecto, pues fue siempre muy cordial conmigo y con todos. Lolita arrancaba los aplausos más entusiastas y las mejores ovaciones entonando temas como "El sombrero", "Si vas a Calatayud", y todos los éxitos del cancionero español, género en el que siempre brilló luciendo su hermosa voz y una maravillosa simpatía personal, además de su reconocido arte interpretativo, tanto en los temas alegres como en las canciones sentimentales, que transmitía con enorme emoción. Tuve el honor de compartir con ella varias temporadas en "Goyescas" y también recuerdo haber ido a aplaudirla a "El Tronío", la otra sala de espectáculos que se especializaba en números españoles. Lolita fue allí también la reina, como en todos los lugares en que se presentaba.” (Mayo 2007)
También en 1948, Lolita se presentó nuevamente en Montevideo, Uruguay.
Por ese entonces, el Centro Asturiano de Buenos Aires, le entregó durante cuatro años consecutivos, una Medalla de Oro, en reconocimiento a su labor. Eran los años 1948, 49, 50 y 51. Pero este suceso, el de recibir premios por parte de entidades españolas, se transformó desde aquella época y para siempre en una constante de su trayectoria profesional.


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CAPÍTULO IV

“Tú eres mi primer amor,
el que supo despertar,
mi dormido corazón
que no sabía que era amar…”
(5)


Luego de su paso por Artistas Argentinos Asociados con “Un novio para Laura”, Argentina Sono Film recupera a Lolita y, junto a ella, el éxito que su nombre garantiza con sólo anunciarlo. Sería esta oportunidad, la primera en la que la artista trabajaría a las órdenes del director de cine Leo Fleider. “Amor a primera vista” fue el título de la película en la que, por segunda vez, se la vió vestida de varón. En el rubro protagónico, se unía a otro gran actor argentino, uno de los más notables de la escena nacional, como lo es Osvaldo Miranda. En su elenco se lucían impecablemente Ramón Garay, Nelly Láinez, Susana Campos, Morenita Galé y Marcos Zucker, entre muchos otros. Leo Fleider fue entrevistado para una revista de espectáculos y, en la misma, el director emitió su juicio sobre la actriz que estaba dirigiendo: “Comencé esta película con una cantante y me encontré, día a día, con una gran actriz. Una actriz dúctil de extraordinarios recursos, espontánea, natural, con gran expresividad y una facultad poco frecuente de captar situaciones. Dueña además de una vocalización perfecta, dice con fluidez, sin vacilaciones e inclusive da tono a la letra de sus partes con viveza y realidad.”
Amor a primera vista”, que durante parte del rodaje llevó el nombre de “Ilusión”, se estrenó en marzo de 1956, en el cine Monumental. La música que enmarcarba esta historia prescindía, por primera vez, de la dirección de Ramón Zarzoso y la responsabilidad de la batuta pasaba a manos del maestro Tito Ribero, quien años más tarde también la dirigiría musicalmente en varios programas de televisión y en la grabación de algunos discos. El libro de Jean Cartier, con adaptación de Abel Santa Cruz, narraba la historia de una joven enamorada de un cantante de boleros, al que solo conoce por fotos y discos, con quien llegará a casarse.
Mario Clavell compuso varias canciones para este film: “En abril de 1955 me llamó Jean Cartier para pedirme que escribiera las canciones para un film en el que intervendría justamente Lolita Torres, junto al gran comediante Osvaldo Miranda. "Amor a primera vista" era el título del libro de Jean, y yo me sentí feliz de componer varias canciones que Lolita cantó, algunas junto a Osvaldo, poniendo en esa comedia toda su gracia. En esa película demostró Lolita sus enormes condiciones para el género de la comedia musical, y yo tuve la satisfacción de oír la voz de la estrella cantando mis temas: el que llevó el título del film, "Aló, aló", "Mi marido, mi maridito" y otros más. “

Mucho después de este ciclo brillante en materia cinematográfica para Lolita, el periodista Claudio España, para el diario La Nación, del 17 de mayo de 1992, precisaba: “Lolita salvó al cine, dijeron algunos cuando la vieja industria tradicionalizada perdía fe en su futuro. Lolita cantaba temas españoles, pero ella concedió al cine una fibra renovadoramente juvenil y las aspiraciones simples que compartían tantas jovencitas en los años ‘50. Lolita supo ser suave, dulce, enérgica. Expresaba en el cine el modelo juvenil de la mujer, aspirante a la emancipación y, podía decirlo, sin prejuicios sociales ni familiares. Además, su franqueza, fue siempre confiable”

A finales de 1955, alguien surgió en su vida que cambiaría radicalmente su mundo y haría que su presente y su futuro adquirieran una dimensión diferente. Su nombre: Santiago Rodolfo Burastero.
Beatriz Burastero es la hermana de Santiago y, seguramente, la palabra más autorizada para relatar como fue aquel primer encuentro de la pareja. Sin esfuerzos, revive entusiastamente cada uno de los momentos que evoca: “Era una fiesta en el Club Italiano, una fiesta importante por el Día de la Tradición, el 10 de noviembre de 1955. En una mesa estaban Lolita, su padre, su tía Elena, el tío Arturo y Kechy, la hija de ambos. En otra mesa, próxima a la de ellos, se encontraban mi hermano Fito, Lole Caccia y cuatro amigos más. Uno de ellos comenta:
-Vieron quién está ahí? Lolita Torres.
-Ah… la gallega… en mi casa están locos por ella, Mi abuela, mi mamá, mi hermana, tienen todos los discos. Pero a mí me gusta más el twist. –dijo mi hermano.
-A ver… quién se anima a sacarla a bailar? –dijo uno, no sé cual.
Primero nadie se animaba, sobre todo por el padre, que ya sabían perfectamente lo recto que era. Hicieron una apuesta a ver quien se atrevía. Y entonces mi hermano dijo:
-Yo me voy a animar. Voy a sacarla a bailar.
Se dirigió a la mesa y se presentó
- Señor Torres, mucho gusto. Soy Santiago Burastero, mi padre es un antiguo socio del club, y yo también lo soy. Lo felicito por la hija que tiene y quiero pedirle permiso para sacarla a bailar.
Enseguida estuvieron en la pista bailando. Mi hermano era un gran bailarín, le gustaba mucho. Comenzaron a conversar y al rato ella le confesó “Hoy vine porque es una fiesta importante del Club. Pero en realidad salgo muy poco. Los fines de semana mi padre se va de casa y vienen mis tíos. Tengo un grupo de diez amigos y diez amigas con los que nos reunimos siempre en mi casa para divertirnos y bailar.” También se dieron cuenta de que eran vecinos. Tanto ella, como nosotros, vivíamos en Caballito.
-Me parece que, por lo bien que bailás, vas a tener un invitado más en tu casa. Tendrás que buscar a otra chica porque yo seré el bailarín número once. –le dijo mi hermano.
Y así comenzó Fito a visitarla en la casa de la calle Eduardo Acevedo, propiedad de Lolita. Empezaron a verse casi todos los fines de semana, a veces los sábados, a veces los domingos, según como se organizaban. Y los que siempre estaban en la casa eran, justamente, la tía Elena, el tío Arturo y Kechi, la hija de ellos, porque don Pedro, los fines de semana se iba. El tenía sus cosas. Un día vino Fito a mi casa, queriendo escuchar los discos de Lolita, todos, los que tenía mi mamá, los míos, los de mi abuela, “porque canta tan bien”, argumentaba.
-Pero ¿desde cuándo? –le dije asombrada.
-Desde que la conocí, ¡no sabés!, es un bombón, es riquísima, me encanta, dentro de un año me caso con ella.
Durante 1956 la conocimos también en la familia. Yo estaba embarazada y mi marido tuvo un percance muy desagradable. Se atragantó con una hoja de laurel y hubo que operarlo de urgencia. Cuando le dieron de alta y volvimos a casa, mi hermano me dijo:
-Qué buena oportunidad sería ésta para traer a Lolita y que la conozcan.
-Bueno -le dije- pero que vengan también mamá y papá así nos conocemos todos de una vez.
- ¿Sabés? Creo que me caso. Es maravillosa.
-Fito, a ver si es un metejón del momento –dije, por si acaso.
-No. Estoy enamorado.
Después de esa oportunidad, nos siguió visitando. Y cuando nació mi hija, ella fue a verme al Sanatorio Anchorena, y a conocer a Marcela, su sobrina. También su padre fue a la casa de mis padres. Don Pedro estuvo siempre de acuerdo con el noviazgo. Lo primero que le agradó fue que su futuro yerno no era del ambiente. Un dia fue al negocio de mi padre y ahí hablaron muy seriamente, pero enseguida estuvieron de acuerdo. No hubo jamás un problema. ‘Burastero y Castiglione’ era la firma de papá, ubicada en la calle Sarmiento 748. Tenían dieciocho empleados y, en Pilar, veinte hectáreas de viveros. Pedro Torres estaba encantado.”


Santiago Burastero era un joven estudiante a punto de recibirse de ingeniero, de buena familia y posición social. Sin duda, ambos sintieron una mutua atracción cuando se conocieron y, luego, a medida que el tiempo avanzó, compartieron la fuerte necesidad de la presencia y la cercanía del otro. Los dos supieron que esa sensación que se les estaba manifestando era como una luz intermitente, dando aviso de que algo realmente importante se hallaba próximo a sus vidas. Lo cierto fue que desde aquella noche del Club Italiano ya no quisieron separarse más. Primero se vieron esporádicamente, luego cada vez más asiduamente. El amor, que hasta aquí había parecido resultarle esquivo, llegaba a su vida para instalarse en ella definitivamente.

En este año, 1956, se produjo también su pase radial. El nuevo escenario en el que desplegó su cancionero sería Radio Splendid pero Ramón Zarzoso ya no sería de la partida. Fue convocado para acompañarla y dirigirla musicalmente el maestro Agustín Ruiz Blasco con quien luego, y al igual que con Tito Ribero, grabó varias piezas musicales. Continuaron a su lado Gerónimo Fernández, la Rondalla Gastón y Julián Pérez Ávila, y la dirección general perteneció a Nolo Gildo. Fueron un total de cuarenta y cuatro audiciones.
Pero ¿qué había pasado entre ella y el notable compositor y director Ramón Zarzoso, que desembocara en la separación artística de ambos? Nunca se supo con exactitud, pero las sospechas estaban puestas en que el hombre habría dejado de dirigir con carácter de exclusividad a Lolita, siendo ésta la razón que produjera su enojo, algo que la artista negaba rotundamente. Tras un reportaje a Zarzoso, realizado por la periodista Maite, para la revista “Cantares de España”, una carta llegó a manos de Elena Jordana Martínez, su directora, firmada por Pedro Torres, en la que respondía a las declaraciones del músico, solicitando además la publicación de la misma. Al ser requerido por la periodista sobre las razones que produjeran el alejamiento de la estrella, Ramón Zarzoso había respondido: “Fui profesor de Lolita Torres desde que tuvo trece años y estimando sus condiciones, la hice debutar en el Teatro Avenida buscándole para ello hasta un nombre adecuado puesto que fui yo quien la bautizó con el de Lolita por no parecerme tan castizo el de Beatriz. (…) No hay ninguna razón para no dirigirla esta temporada…considero que la única explicación para su separación sería la de haber dejado de dirigirla en forma exclusiva, puesto que actué con Carmen Sevilla en sus audiciones y ahora lo haré con las Hermanas Linares. Por otra parte, yo no estaba obligado a mantener una exclusividad que nunca tuve para artista alguna, pues me debo a todas, cuando por ella no recibía suficiente paga….. Esta separación me ha favorecido, por cuanto yo reservaba gran parte de mis canciones solamente para ella sin haber recibido ninguna distinción ni recompensa. De ahora en más, podré entregárselas a quien quiera”. Por supuesto que la voz de la respuesta, dolida, indignada, no se hizo esperar: era la voz de don Pedro que, por la misma vía, la de la revista `Cantares de España´, le respondía a Zarzoso en una extensa carta. Tras señalar en el párrafo inicial que “Dicho señor se permite con evidente mala fe y mal disimulado despecho, formular apreciaciones que contradicen la verdad, por inexactas, y ponen de relieve su falta de caballerosidad y la más desconsoladora ausencia de ética profesional…” En las siguientes líneas replicaba: “…el señor Zarzoso dice que fue profesor de Lolita desde que ésta tuvo trece años, y que, estimando sus condiciones, la hizo debutar en el teatro Avenida. Falso de toda falsedad. Lolita, a los trece años de edad, por obra y gracia de los maestros Marcial Málaga, en el Instituto Gaeta, Alfredo Bassadoni, Gaspar Lozano Sesma y otros, en mi domicilio, que a partir de los siete años se hicieron cargo de su preparación y formación artística, ya estaba en condiciones relevantes para debutar como de hecho ocurrió en mayo de 1942, y no, precisamente, por mediación del señor Zarzoso, sino del señor Pablo Parra, que por especial indicación del gran actor español don Manuel Perales, personalmente, me expresó el deseo de incardinar a mi hija en el elenco de la compañía del teatro Avenida, que encabezaba la cantante Pepita Llaser. Fue en esa oportunidad que me presentaron al señor Zarzoso, para elegir las canciones que debía interpretar mi hija, y que él, al mismo tiempo, previa contratación, se encargaría de ensayar. Luego afirma el señor Zarzoso que fue él quien bautizó artísticamente a Lolita, `por no parecerle tan castizo el suyo propio de Beatriz´… Rissum teneatis. A este respecto debo manifestar, desmintiendo categóricamente al señor Zarzoso que el seudónimo `Lolita Torres´ nació en el seno familiar.” El padre de la artista rebatía cada una de las afirmaciones vertidas por el músico, echándolas por tierra, aclarando cada punto con el minucioso detalle que le caracterizaba: “Más adelante el señor Zarzoso, con su característica falta de seriedad y desprecio de la verdad, dice muy suelto de cuerpo que desde entonces –desde los trece años- dirigió sus presentaciones radiales y seleccionó su repertorio. El señor Zarzoso parece ignorar que Lolita Torres, a continuación de su actuación del teatro Avenida, debutó en Radio El Mundo, siendo dirigidas las orquestas que la acompañaban, alternativamente, por los maestros Dajos Bela y Alberto Castellanos. Posteriormente debutó en la sala El Tronío, cuya orquesta dirigía el maestro Francisco Marrodán. (…) A raíz de un ofrecimiento que me formuló don Salvador Valverde para que Lolita interpretara algunas composiciones musicales de las que era autor, volví, es cierto, a contratar al señor Zarzoso (…) Y fue en esa oportunidad que el señor Zarzoso, aprovechando que Lolita debía debutar en Radio El Mundo, me rogó encarecidamente intercediera ante el directorio de la mencionada radio para que le permitieran dirigir la orquesta que acompañaría a mi hija, a lo que la radiodifusora se negó rotundamente, salvo en el caso de que yo abonara, por mi exclusiva cuenta, sus honorarios. Acepté y así fue como dirigió la orquesta. Continuó el señor Zarzoso a nuestro lado, y lo llevamos al teatro Comedia, al Goyescas, discos Odeón, cine y demás actuaciones. Estimando más conveniente poner la batuta orquestal en manos de un maestro capaz de elevar la jerarquía musical, dado el prestigio creciente de la artista, fue reemplazado.(…)Debo manifestar que en todos los casos se le abonó lo que él exigía, inclusive en todas aquellas intervenciones en que Lolita actuó en forma benéfica o gratuita. Hago constar que al mismo tiempo, cobraba hasta las orquestaciones de sus propias piezas musicales, que eran realizadas por el maestro Domingo Marafiotti. Por el respeto que nos merecen todos los artistas en general, no podemos aceptar que el señor Zarzoso deje entrever la sospecha de que hemos prescindido de él porque acompañara a la prestigiosa figura española Carmen Sevilla, que Lolita admira con viva simpatía y sincero afecto, ni a cualquier otra de menor prestigio artístico, por cuanto su reconocida bondad y modestia no admite dudas…” En esos términos y con esa vehemencia, salía don Pedro Torres a defender el prestigio de su hija cada vez que hacía falta. Más allá de las razones que cada una de las partes esgrimió para dar sustento a su postura personal en la disolución de aquella unión artística de tantos años, lo cierto fue que Ramón Zarzoso marcó la etapa de los grandes sucesos musicales en el repertorio español de Lolita y ésta, a su vez, enriqueció con su voz las composiciones de Zarzoso. Por tal motivo, constituyeron una dupla tan destacada y sobresaliente, como irrepetible.

Muchos años después de esos hechos, Carmen Sevilla recordaba así a Lolita: “Fue una gran cantante, de exquisita voz. Pero por sobre todas las cosas, una gran persona, de mucha bondad. Era muy bonita, con una expresión angelical en el rostro, y una artista muy responsable. Fue una cantante de primera magnitud y es una gran pena que se haya marchado ya.” (Febrero de 2007)

La carrera artística de Lolita Torres era brillante. Crecía permanentemente y nada parecía opacarla. En el mismo año que se estrenó “Amor a primera vista”, filmó para Argentina Sono Film “Novia para dos” y, tal como lo advierte su título, dos serían sus galanes: Luis Dávila y Osvaldo Miranda. Se adentraron en los distintos personajes otros importantes artistas como lo fueron Ramón Garay, ya un clásico en el marco de estas películas, Beatriz Bonnet, Vicente Rubino, Julián Pérez Ávila, María Fernanda y Mónica Linares, entre tantos otros. Por segunda vez la dirigía Leo Fleider y su estreno se produjo el 23 de agosto, apenas cinco meses después que la anterior, en el cine Monumental. En ella se contaron las vivencias de Isabel de Castro, una joven española, llegada poco tiempo antes a Argentina, con el sueño de triunfar cantando. Beatriz Bonnet, que encarnó el personaje de la amiga, recuerda que en aquellos tiempos las cosas eran muy distintas a como son en la actualidad: “Antes las cosas eran muy ajustaditas, muy armaditas, nos citaban, íbamos, nos maquillaban, ensayábamos la escena una vez y ya se hacía la toma. Entonces no había lugar para mucho más. Hoy, enseguida se arman reuniones o cenas después de un día de filmación, antes no se estilaba tanto, ni daba la situación, además Lolita estaba muy cuidada. Para mi, eso es una constante hasta el día de hoy: a trabajar y a casa. Cuando hago teatro, termino y no me mueve nadie para ir a tomar una copa o ir a cenar. Me gustaba mucho estar al lado de Lolita porque nos gustaban las mismas cosas: cantar, actuar, bailar. Esta es una carrera muy linda y la de Lolita ha sido formidable. Estupenda. Ella era sumamente agradable. Muy generosa. Cada vez que había fotos en la película, Lolita se ponía a mi lado, yo rubia, y ella con su pelito oscuro, me ubicaba bien a su lado para que yo también me luciera. Era una estrella, sí, pero de gran generosidad, cosa que no siempre se encuentra. Tenía ese modo tan derechito de andar porque era su estilo y no por altanera. Era muy agradable, muy buena, nunca tenía problemas si alguien se equivocaba y había que repetir. Muy buena persona. Y el padre también era un ser muy agradable.” (Marzo 2007)

También el noviazgo con Santiago Burastero se afirmaba sobre sólidas bases y su vida parecía tener ahora otra magnitud. Decidida a que esta relación no trascendiera el ámbito privado, consiguió ocultarlo durante bastante tiempo. A pesar de que los rumores acerca de que Lolita Torres estaría formalmente de novia crecían incesantemente, ella lo negaba y mantenía en secreto su amor y la identidad del hombre al que amaba, intentando proteger aquel sentimiento de cualquier fuerza malintencionada. Aún así, Fito se ingeniaba para acompañarla, junto a don Pedro, en algunas de sus actuaciones.
Pero además del amor, estaban los compromisos laborales y había que cumplirlos. En 1957, vuelve a Radio Belgrano, donde realiza veintiocho audiciones, junto a la orquesta de Agustín Ruiz Blasco. La última transmisión se realizó directamente desde el teatro Avenida, justamente donde Lolita había hecho su debut artístico. En todos aquellos ciclos radiales, en los que era anunciada como “La voz argentina que mejor le canta a España”, el magnífico decir de Julián Pérez Ávila le ponía marco a la apertura del programa con estos versos:

Andalucía de sol, Cataluña de firmeza,
Valencia con sus primores, bravo Aragón de entereza,
garbo y mantón de Madrid, Galicia verde y nevada,
todo España canta aquí y es por Lolita cantada.

O también con estos otros, que anunciaban el cierre de cada presentación:

Cancela de granadina su voz,
por hoy se nos va en noches de siempre viva…
Otra vez perfumará las noches de la canción,
aguárdela el corazón que en sus cantares palpita
el lunes (o jueves) cantará Lolita.

En cada temporada, estos versos eran renovados, en cambio el mismo estribillo de una canción abría y cerraba invariablemente cada programa. Eran los versos de Jofré Villegas, pertenecientes a “Bajo mi cielo andaluz”, que con música de Carlos Castellanos, se convirtieron en la inconfundible cortina de aquellas audiciones.
También fue el año de sus últimas grabaciones para el sello Odeón, como por ejemplo: la jota “Aires de mi Pueblo”, el tanguillo “Romance de José María”, “La Lola de las Salinas” o la canción castellana “El Rey de los Arrieros”. El 17 de septiembre de 1957 registró para esta prestigiosa compañía discográfica cuatro temas, convirtiéndose éstos en su último trabajo para Odeón: “Romance de Catalina Tomás” (canción de ronda), “A veira do mar” (canción gallega) “Molinera de mi Salamanca” (canción charra) y “Madroños” (pregón), dirigida por el maestro Ramón Bastida y su orquesta.

La fama de Lolita había sentado bases en Rusia. En 1957, llegó a Buenos Aires un buque de bandera rusa, el Riongue, y Konstantin Badiguin, su capitán, se ocupó de hacer las tramitaciones correspondientes para cursar una invitación especial para la artista, a quien toda la tripulación quería conocer. Lolita asistió y, en agradecimiento a tanta muestra de afecto, cantó para todos ellos. Dos habían sido las películas exhibidas en Rusia, que los presentes conocían: “La edad del amor” y “Amor a primera vista”. Fue el capitán quien se ocupó de hacerle saber que todo el pueblo ruso había visto sus films y que su nombre y su imagen estaban por encima de otras figuras del cine mundial, como Ingrid Bergman, Michèle Morgan, Sophia Loren o Gina Lollobrigida
También en 1957 filmó “La hermosa mentira”, película basada en la obra teatral “Las mariposas no cumplen años” cuya autoría corresponde a Abel Santa Cruz, quien también se encargó de la adaptación al cine, y que fue rodada bajo el título de “Es pecado mentir”, optándose luego por cambiarlo. Fue el primer film en color de Lolita, en el que estuvo acompañada por José Cibrián y Luis Dávila, distinguiéndose en el elenco, fundamentalmente, Héctor Calcagno y Alba Castellanos.
Las últimas escenas de “La hermosa mentira ”, fueron filmadas apenas unas semanas antes de que Lolita se casara. El relato de Betty Burastero continúa “Un día dicen que quieren casarse. Tuvieron que preparar con tiempo los trámites para los pasaportes porque ya en aquel entonces existía demora para entregarlos. Se casaron en el Registro Civil Nº 15, ubicado en Warnes 60, la tarde del 25 de julio, día de Santiago Apóstol, a las 16.30 hs”. Justamente Beatriz Burastero y Pedro Torres fueron los testigos elegidos por los novios.
Sin embargo, pasarían varias semanas antes de poder concretar el pacto de amor ante Dios. Compromisos artísticos contraídos con anterioridad obligaron a Lolita a viajar a Uruguay, para cantar en una de las principales “broadcastings” de Montevideo, además de realizar varias presentaciones en el ciclo denominado “Senda de Estrellas”, de CX16 Radio Carve, acompañada por la orquesta del músico Agustín Ruiz Blasco. También Radio del Pueblo emitía una audición titulada “Canta Lolita Torres”, en la que funcionaba el “Radio Club Amigos y Admiradores” de la estrella. El cumplimiento de aquellas obligaciones hizo que la boda religiosa se llevara a cabo recién el día 19 de Septiembre, en la capilla Santa Teresita, de la cual ella era muy devota, dependiente de la Iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, en la calle Echeverría 1395, del barrio de Belgrano, a las 11.30 hs. Sus padrinos fueron Pedro Torres y Elena Coton, tía de la novia y, por el novio, los padres del mismo, Luisa Guidi Rojo y Santiago Burastero.
Las revistas de entonces describían su vestido de novia como “una verdadera obra de arte, con un largo velo sujeto a su cabello. En las manos llevaba un rosario y apenas dos rosas naturales blancas”. Su casamiento, aunque se mantuvo en secreto hasta último momento, reunió a una verdadera multitud de admiradores que, ni bien conocieron donde se efectuaría la ceremonia acudieron a las puertas de la iglesia para ver de cerca de su artista y compartir con ella su hora de felicidad.
La fiesta fue íntima, sólo con familiares muy allegados, y se realizó en casa de los padres de Fito, en la calle Rosario. El domingo siguiente partieron de luna de miel, en un viaje que sería tan largo como lo habían proyectado en momentos de intimidad y recorriendo un periplo entusiastamente elegido: Caracas, La Habana, Miami, Nueva York, Lisboa, varias ciudades de España, Francia, Suiza e Italia. En los planes también figuraba Rusia, donde Lolita ya era una artista muy popular, pero la situación de aquel país hizo que pospusieran la visita para el año siguiente. No podían adivinar que jamás cumplirían juntos ese anhelo…
Volvieron a Buenos Aires el 24 de diciembre. Para entonces una nueva alegría se había sumado a la historia del joven y reciente matrimonio: durante el mismo viaje supieron que en unos meses más serían padres. El amor y la dicha habían entrado en su vida de la mano de un hombre al que ella misma definía como “adorable. Fito me hace inmensamente feliz.”
Su hogar se había constituido en su fortaleza y lo expresaba de esta manera: “Queremos mucho nuestra casa porque fue allí, entre sus cálidas paredes, que tejimos nuestro idilio, lejos del mundo, de la publicidad, de la curiosidad. Yo seguía con mi carrera, cumpliendo contratos, estudiando y soñando. El estudiaba cada día con más vehemencia. No nos veíamos en público, salvo cuando bailábamos en el club, pero como siempre formábamos parte de un gran grupo nadie podía sindicarnos como novios. Por fin Santiago se recibió y con todos los honores, su esfuerzo había tenido el premio que él esperaba. Lo puso a mis pies, como la ofrenda de su amor sincero, intenso. Y yo lo recibí emocionada, comprendiendo que había puesto en ello lo mejor de sí mismo. Después, junto a sus padres y mi padre, festejamos el triunfo y comenzamos a soñar. Había llegado el momento de la felicidad, camino del esfuerzo que Santiago se había impuesto, el logro de su destino estaba cumplido: era ingeniero agrónomo. Yo comenzaba a ser cada día más dichosa y a comprender el magnífico significado del destino de una mujer: amar y ser amada, formar un hogar, prolongarse en los hijos, compartir con el hombre querido sus días de sol y de sombras, impulsarlo, ser la fuerza y el motivo de su vida”.
Desde que conoció a Fito primero y, luego aún más, cuando tuvo la certeza de estar esperando un hijo, supo que estos dos amores se antepondrían siempre que hiciera falta a su carrera artística. Y si era necesario, estaría dispuesta a abandonarla dándole prioridad absoluta a la vida familiar. Pero nada de esto haría falta, le decía siempre su esposo, quien estaba seguro de que ella sabría ingeniárselas para cumplir con ambas facetas, porque los duendecillos del arte jamás abandonan del todo a un artista.
Por ese entonces, ya casada su hija, también don Pedro consolida su unión con Elena, la mujer que hacía tiempo era su compañera.
El 20 de marzo de 1958, en el Monumental, se estrenó “La hermosa mentira” que recibió por parte de la crítica comentarios poco halagüeños para el libro y su autor, pero que ponían a salvo el trabajo de la actriz: “Brillantes números musicales realizados con buen gusto y en los que el color, muy discreto, y la actuación de Lolita Torres integran méritos ponderables (…) señala a esta comedia dentro de los espectáculos más eficaces del género logrado por nuestro cine. Luchando con un libro endeble, plagado de frases pretenciosas, el director Julio Saraceni procura, a fuerza de oficio, sostener el andamiaje de los enredos aunque a ratos vacila por la carga de estulticia de tantas palabras inútiles y situaciones falsas creadas por Abel Santa Cruz. Extrañará al lector que lo dicho no quite interés al film, de acuerdo con lo manifestado en la primera parte de esta crónica. La contradicción es aparente, porque el espectáculo tiene notables valores que lo defienden. Figura en el primer puesto de esos valores la cantante Lolita Torres, no sólo debido a su voz estupenda, sino también por sus condiciones de actriz y por su comunicativa simpatía que cautiva desde las primeras escenas, dejando una sensación de vacío cuando no se encuentra presente (…) Los números musicales constituyen una prueba de que nada es imposible para el cine nacional. Ya quisieran tener muchas comedias extranjeras secuencias como las del reloj o Marieta de la Rambla”.

Para entonces, alguien se convertiría en la mano derecha de Lolita: Esther Villaverde, quien por sugerencia de la madre de Fito, ingresó para realizar las tareas de la casa y pasó a ser desde entonces y para siempre, su persona de mayor confianza en el hogar.
Poco más de un mes después del estreno de “La hermosa mentira”, el 26 de abril, a las 13.05 horas, nacía Santiago Ezequiel, su primer hijo, en el Sanatorio Anchorena. Su razón de vivir desde ese día en adelante. Tendrían más hijos, sin duda, porque ella, que era hija única, se había propuesto no repetir la experiencia, quería tener varios, quería una mesa grande como la de la abuela Mariana. Ese año del nacimiento de Santiaguito, Lolita se mantuvo alejada de su actividad artística, dedicándole todo su tiempo y sus cuidados al amado hijo y disfrutando de esa nueva función de ser mamá. Aunque Esther Villaverde trabajaba en la casa y ayudaba en todo, Lolita se ocupaba personalmente de la atención de Santiaguito. También su suegra, con quien tenía una magnífica relación, la acompañaba muchas horas al día.
Convertida en mamá, contaba su vida en la revista Anahí, y con éstas palabras rendía homenaje a su madre: “A ella debo esta alegría de vivir que baila en mi sangre. Si bien es cierto que la perdí muy pronto, cuando más la necesitaba, doy gracias a Dios por haberme dado esa madre, que llenó mi vida de amor, de fortaleza, de alegría.”
Todas las revistas del espectáculo le hacían notas en las que se le preguntaba cuándo retornaría al quehacer artístico. La respuesta se reiteraba casi sin variantes, mostrándose sin apuro por tal regreso ya que disfrutaba al máximo de su vida familiar y le costaba pensar en separarse del pequeño hijo. Tenía pensado volver paulatinamente a sus actividades el siguiente año.
Fue en los primeros meses de 1959, mientras preparaba una actuación para canal 7 que sería su vuelta al trabajo, cuando recibió una invitación para asistir a la clausura del Festival de Cine de Mar del Plata. Lo conversaron con Fito y decidieron concurrir al evento, sin Santiaguito, a quien dejarían al cuidado de sus abuelos.
Partieron en la mañana del sábado 21 de marzo, a bordo del Borgward ‘56 que Fito conducía, con tiempo suficiente para poder llegar sin apuros. Pero de pronto sucedió lo inesperado. Al llegar a la altura de General Pirán, un desnivel de casi veinticinco centímetros, originado por mejoramientos que se estaban realizando en el camino, sorprendió desprevenido a Fito y no pudo esquivarlo. Betty, su hermana comenta “Habían parado en Pirán para cargar nafta y comprar galletitas, y como mucha gente la reconoció, Lolita dedicó unos momentos a firmar autógrafos. Salieron otra vez a la ruta. Había un cartel de Vialidad Nacional que anunciaba `desvío- velocidad máxima 80 km.´ Pero, claro, a mi hermano le gustaba mucho la velocidad. Demasiado. Seguro no hizo caso del aviso. Mordió el desnivel en el desvío, dieron tres vuelcos, Lolita quedó en el hueco de los pies del acompañante. Ahí se fracturó. A él, el tercer vuelco lo despidió y lo estrelló contra el pavimento. Su cabeza recibió un golpe fatal. Ella salió enseguida del auto, llorando desesperadamente, se detuvieron varios coches, la reconocieron de inmediato y todos querían ayudar. Un señor, vendedor de heladeras, levantó enseguida a mi hermano, lo cargó en su auto, mientras le decía “venga Lolita, venga, que los llevo urgentemente a un sanatorio”. Su auto quedó completamente ensangrentado.”
Recibieron los primeros auxilios en un puesto de asistencia sanitaria de General Pirán y más tarde, debido a la gravedad del cuadro que presentaba Burastero, fueron trasladados al Sanatorio 25 de Mayo, de Mar del Plata.
La noticia del accidente se desperdigó con velocidad extrema, razón por la cual también se generaron confusiones. En primera instancia se creyó que la más perjudicada era Lolita, por lo que hubo que salir a aclarar la situación rápidamente, a la vez que se daba cuenta del complicado trance que atravesaba su esposo. Por radio se solicitó sangre para transfusiones y, en verdad, fue muchísima, incontable, la cantidad de personas que se presentaron para donar. Entre los primeros, Alberto Dalbes y Andrés Zelpa.
La hermana de Fito sigue desgranando sus recuerdos: “Estaba muy grave. En algún momento de lucidez, decía alguna palabra. Le preguntábamos entonces cómo se sentía y sólo nos decía “me duele la cabeza”. Santiaguito estaba con mi familia, en su pequeño moisés, y al otro lado Marcela, mi hija, en su cunita, los dos a ambos lados de la cama de mi mamá y mi papá. Porque mi marido y yo nos fuimos a Mar del Plata, andábamos como locos, de un lado al otro. Luego, cuando nos dijeron que no había nada por hacer, nos volvimos porque preferimos que fueran mis padres quienes estuvieran a su lado cuando se produjera el desenlace.
Él estaba en una habitación, en una carpa de plástico transparente. Ella en la habitación contigua, tenía colocado el cuello ortopédico porque tuvo traumatismos en la columna vertebral. Se mantenía muy silenciosa. Iba a verlo de a ratitos. Le hablaba conformándolo, diciéndole cosas tranquilizadoras pero él hablaba muy poquito. Sin embargo, en una oportunidad, cuando ella se le acercó, él le dijo “Santiaguito va a ser un genio”. El accidente fue el día 21 de marzo. El 29, que justamente era domingo de Pascua, a las 17.05 hs., moría mi hermano. Yo le rezaba a Dios pidiéndole un milagro, pero no pudo ser. El Dr. Matera había viajado a Mar del Plata, junto a mi padre, para operarlo e intentar salvarlo, pero se le quedó en la operación. La operación fue “por tirarse un lance” como dijo el mismo Matera, porque con total sinceridad nos explicó que no había certeza de que saliera bien. “Vamos a intentar salvarlo” dijo. Pero el daño más grande de Fito estaba en la cabeza, con hundimiento del parietal derecho, el gran derrame que tenía no le permitió soportar la operación”.
Lolita debió ser asistida por los médicos en reiteradas ocasiones porque sus crisis nerviosas se repetían. Su vida daba un giro de ciento ochenta grados.
Un hecho anecdótico, en medio de aquellas terribles circunstancias, fue la pérdida de una maleta que contenía importantes joyas pertenecientes a Lolita. Un chofer de la empresa Micromar, llamado Cayetano Passani, la encontró y la devolvió.
El velatorio de Fito se realizó en la casa paterna, ubicada en el noveno piso de la calle Rosario 402, y se prolongó a lo largo de cuarenta y ocho horas. Una multitud francamente impresionante se dio cita en aquel lugar para acompañar a toda la familia en momentos de tan hondo pesar. Familiares, amigos y público en general no quisieron estar ausentes.
Griselda Vallejo, es una fiel admiradora de Lolita, “desde que nací”, según manifiesta, y así relata la experiencia que vivió en aquella ocasión: “Estuve allí, con mis hermanas, cuando fue el velorio de Burastero. Yo era casi una niña pero insistí tanto a mi familia, que tuvieron que llevarme. Era incalculable la cantidad de gente que había, todos haciendo fila, esperando para entrar. El tumulto era tan grande que hasta quedó interrumpido el paso del tranvía que, justamente, pasaba por ese lugar. Tuvo que tomar parte la policía para poder restablecer el orden. Estuvimos varias horas haciendo la fila hasta que finalmente entramos. Era sólo entrar, pasar al lado del féretro y salir. Me acuerdo que Burastero estaba a cajón abierto y tenía la cabeza vendada. En el momento que entré, pude ver a su hermana, a Alberto Dalbes, José Comellas, don Pedro Torres, no recuerdo quién más. Me acerqué a la hermana del fallecido y pregunté por Lolita… Está descansando un ratito, me dijo.”
Los restos de Burastero fueron llevados al cementerio de Avellaneda.
Enfrascada en el dolor más visceral, Beatriz Torres lloró hasta agotarse, pero nunca lo hizo delante de su hijo, nunca dejó que su pequeño la viera destrozada. Se encerró en su casa y se apartó de todo. Santiaguito, desde su inocencia, se convirtió en el único puntal que la sostenía. Esther Villaverde agrega “La señora se encerraba y lloraba, lloraba y lloraba… yo me acercaba para ver si necesitaba alguna cosa… pero ella me decía `solamente traeme un te.”
Por entonces, la carrera artística de Lolita entró en un compás de espera y a nadie se le hubiera ocurrido esperar otra cosa. Tenía que hacer el duelo desde adentro, en silencio y soledad. Alguien, muy amigo de Fito y de toda la familia Burastero, había ayudado en aquel acontecimiento tan difícil de atravesar, alguien colaboró eficazmente a la hora de realizar trámites dolorosos, se ocupó de resolver situaciones complejas y hasta de que la tristeza del entorno no tocara a Santiaguito: fue Julio César Caccia. Un hombre que resultó casi imprescindible en aquellas circunstancias.
Esta es parte del relato de Betty Burastero: “Cuando Lole Caccia, íntimo amigo de mi hermano, se entera del accidente por la radio, viaja volando hacia el sanatorio. Lole se ocupó de los trámites que hubo que hacer para traer a mi hermano a Buenos Aires. Y a él hay mucho que agradecerle. Se ocupó de todo. Lolita se había quedado sola con Santiaguito, y también estaba con ellos Esther, la señora que la ayudaba. En esa época teníamos estufas de querosene y no era fácil conseguirlo. Entonces, cuando se nos terminaba, le avisábamos a Lole, y él se encargaba de que el querosene apareciera. Los chicos del barrio jugaban a la pelota en la puerta de la casa, en la calle y, claro, Lolita estaba adentro, muy mal, muy triste, los ruidos le afectaban mucho. Entonces le decíamos a Lole y, como su cuñado era policía, el hombre se acercaba al lugar y les pedía a los chicos que se retiraran a jugar en un sitio más alejado. El auto, que ninguno de nosotros podía venderlo, se llevó al taller, se arregló y Lole lo vendió. El fue para todos nosotros, lo reconozco como lo hice siempre, lo mismo que era mi hermano. Para mis padres, un hijo más. Nos ayudó mucho. Muchísimo. Es que no sólo él, sino también su familia, eran amigos de mi familia. Su mamá jugaba a las cartas con mi mamá en el Club Italiano. También se llevaba a mi hija y a Santiaguito al parque cuando la tristeza y las lágrimas de Lolita, o de nosotros, invadían el ambiente y todos sentíamos que era mejor para ellos, tan pequeños, alejarlos un rato de tanta pena”.
Así fue que Julio César Caccia, Lole en su círculo de conocidos, pasó a ser un amigo íntimo para Lolita también.


Índice

CRONOLOGÍA ARTÍSTICA-RADIO

1942- Lolita Torres, la precoz intérprete del cancionero español. Con la actuación de la graciosa Chispita. Dirección musical: Dajos Bela. Animación: Jaime Font Saravia. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Yerba Salus. Domingos: 13.05 hs. Debut: 23 de agosto de 1942.

1943- Lolita Torres. Recitados: Juan Cantares. Dirección orquestal: Dajos Bela. LR1 Radio El Mundo. Miércoles a las 12.15 hs. Desde Septiembre.
Lolita Torres. Orquesta Buccini- LR1 Radio El Mundo. Sábados 18 y 25/09, 16 hs.

1944- Programa especial con la intervención de la destacada actriz Iris Marga. El Conjunto Héctor y su Orquesta de Jazz, la cantante Lolita Torres, el maestro Leo Schwarz con su orquesta. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Aceite Ricoltore. Sábado 2/9 a las 20.30.
1944- En una audición de categoría, actúan Lolita Torres, la estilista de la canción hispana, y Carmen Duval, expresiva exponente de nuestro cancionero popular. Orquesta. Dajos Bela. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Aceites Cubillas. Viernes 6/10, a las 21 hs.
1944- Momentos amables York. Orquesta de Dajos Bela, Lolita Torres, Osvaldo Fresedo y su conjunto típico con el cantor Oscar Serpa, el celebrado escritor Aguilar en su charla “Con la mejor intención”. Animación: la actriz Adelaida Soler y el galán Oscar Valicelli. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Colonias y Lociones York. Martes 4 y 11 de julio, a las 21 hs.
1944- Lolita Torres, la exquisita intérprete de la canción andaluza. Orquesta dirigida por Leo Schwarz. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Hojas Gillette. Primer programa: 18/07. Siguientes programas: viernes y sábados a las 12.45 hs.

1945- Momentos amables York. Lolita Torres. Ismael Aguilar, Orquesta típica de Alfredo Fresedo. Animación: Adelaida Soler y Oscar Valicelli. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Colonias y Lociones York. Martes 12/6/45, 21 hs.
1945- Momentos amables York. Lolita Torres. Orquesta de Bert Rossé, Aníbal Troilo con su típica, Ismael Aguilar en “Con la mejor intención”. Animación: Adelaida Soler y Oscar Valicelli.
LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Colonias y Lociones York. Martes 3/7/45, a las 21 hs.
1945- Lolita Torres. Orquesta dirigida por Dajos Bela. LR1 Radio El Mundo. Miércoles a las 13 hs.
1945- Lolita Torres. Orquesta dirigida por Alberto Castellanos. LR1 Radio El Mundo. Sábados a las 21 hs.
1945- Lolita Torres. La típica de Alfredo D’Ángelis. Orquesta: Bert Rossé. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Cera Espejo. Sábados a las 21 hs, a partir del 1/9.
1945- Momentos amables York. Lolita Torres. La típica de Alfredo Fresedo con su cantor Oscar Serpa, Héctor y su orquesta de jazz y el charlista Ismael Aguilar. Animación: Héctor Coire y Adelaida soler. Martes 18/9 a las 21 has.

1946- Lolita Torres. Con la guitarra de José María “Niño” Posadas y la Orquesta de Dajos Bela. LR1 Radio El Mundo. Martes y viernes, 13.05 hs.

1947- Lolita Torres. Con la guitarra de José María “Niño” Posadas y la Orquesta de Dajos Bela. Animación: Horacio Zelada. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Medias Himalaya. Martes y viernes, 13.05 hs.

1948- Una voz, una guitarra y una poesía. Lolita Torres. Guitarra: Niño Posadas. El actor Luis Pérez Aguirre. Dirección musical: Ramón Zarzoso. Animación: José Castro Volpe y Horacio Zelada. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Medias Himalaya

1949- Sobremesa cordial. Lolita Torres, con orquesta de Ramón Zarzoso. Guitarrista: Niño Posadas. Alfredo Marino en las glosas escritas por Teófilo Quirós Funes. Animadores: José Castro Volpe y Horacio Zelada. LR1 Radio El Mundo. Martes y viernes, 13.05 hs. Debut: 4/4.
1949- Lolita Torres, estrella máxima del cancionero español, con Ramón Zarzoso al frente de la gran orquesta de Radio El Mundo. Guitarra Flamenca: Niño Posadas. Glosas: Teófilo Quirós Funes, dichas por el primer actor Alfredo Marino. Animadores: José Castro Volpe y Horacio Zelada. Técnico de sonido: Carlo De Nápoli. Martes y Viernes: 13.05 hs. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Medias Himalaya. Debut: 3 de junio.

1950- Una voz, una guitarra y una poesía. La voz, en el embrujo del arte y la gracia de la estrella máxima del cancionero español: Lolita Torres. La guitarra en las manos maestras del Niño Posadas. La poesía en el exacto decir del primer actor Alfredo Marino. Glosas: Teófilo Hiroux Funes. Dirección musical: Ramón Zarzoso. Animación: José Castro Volpe y Horacio A. Zelada. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Medias Himalaya. Desde el 4/4, martes y viernes a las 13 hs.

1951- Fiestas de Zabala con Lolita Torres, una voz argentina que canta a España- Dirección Musical: Ramón Zarzoso. Guitarra: Niño Posadas. Glosas: Roberto Aulés. Animación: Eloísa Martínez y José Stari. LR3 Radio Belgrano y su cadena gigante de emisoras. Auspiciante: Casa Zabala S.R.L. 1er. ciclo desde el 2 de mayo – 2do. ciclo desde el 4 de noviembre. Ambos, miércoles y domingos, 20 hs.

1952- Lolita Torres. Una voz argentina que canta a España. Dirección musical: Ramón Zarzoso Guitarra: Niño Posadas y Rondalla Gastón. Versos: Julián Pérez Ávila. LR3 Radio Belgrano y su cadena gigante de emisoras. Auspiciante: Casa Zabala S.R.L. 1er. ciclo desde el 8 de mayo, los lunes y jueves a las 20 hs - 2do. ciclo desde el 2 de octubre hasta diciembre, los lunes y jueves a las 22.05 hs. (transmitido además por LR3-TV Canal 7
1952- Estrellas al mediodía. Primer programa. Con María Esther Gamas, Jovita Luna, Dringue Farías, Carlos Castro. Figuras invitadas: Olinda Bozán, Juan D’Arienzo y su orquesta, Adolfo Stray, Blanca del Prado, Oscar Casco y la palabra del escritor Alberto Vacarezza. Participación especial de Lolita Torres y Juan Carlos Mareco “Pinocho” (intérpretes del sketch central). Animación: Jaime Font Saravia. Libro: Abel Santa Cruz. Dirección: René Cossa. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Jabón Federal Domingos a las 12.30 hs
1952- Estrellas al mediodía. Con María Esther Gamas, Jovita Luna, Dringue Farías, Carlos Castro. Figuras invitadas: Luis Sandrini, Miguel de Molina, Lolita Torres, Virginia Luque, Adolfo Stray, Orquesta típica de Horacio Salgán, Jazz de Barry Moral y la palabra del escritor Alberto Vacarezza. Animación: Jaime Font Saravia y Marcelle Marcel. Libro: Abel Santa Cruz. Dirección: René Cossa. LR1 Radio El Mundo. Auspiciante: Jabón Federal. Domingo 18/5, 12.30 hs.

1953- Lolita Torres. Las fiestas de fiesta. Dirección Musical: Ramón Zarzoso. Guitarra: Niño Posadas. Participación de la Rondalla Gastón. Versos señoriales: Julián Pérez Ávila. LR3 Radio Belgrano, su cadena gigante de emisoras y LR3-TV Canal 7 (transmisión simultánea)
Auspiciante: Limpergente Fiesta – Abril, mayo y junio, martes y viernes 20.35 hs.
1953- Lolita Torres. Una voz argentina que canta a España. Dirección Musical: Ramón Zarzoso. Guitarra: Niño Posadas. Participación de la Rondalla Gastón. Versos señoriales: Julián Pérez Ávila. LR3 Radio Belgrano, su cadena gigante de emisoras y LR3-TV Canal 7 (transmisión simultánea). Auspiciante: Artplast y su famosa muñeca “Linda Miranda”, la muñeca que es linda, mira y anda, para su línea de juguetes “Jugal”.Desde el 3 de noviembre, martes y viernes 20.30 hs.
1953- Aquí ordena su estrella. Conducción: Roberto Airaldi. Figura invitada del día: Lolita Torres. LR3 Radio Belgrano. Junio

1954- Fiestas Pomposas con Lolita Torres. Auspiciante: Polvo Jabonoso Camello y Almidón Campanol - Desde 5 de abril, lunes y miércoles a las 20.30 hs
1954- Lolita Torres. Una voz argentina que canta a España. Versos señoriales: Julián Pérez Ávila. Dirección musical: Ramón Zarzoso. La Guitarra de José Maria Posadas y participación de la Rondalla Gastón. Animación: Eloísa Martínez y José Stari. LR3 Radio Belgrano. Auspiciante: Artplast y su famosa muñeca “Linda Miranda”, la muñeca que es linda, mira y anda, para su línea de juguetes “Jugal”- Desde el 4 de octubre al 29 de diciembre, lunes y miércoles a las 20.30 hs.

1955- Lolita Torres. Orquesta: Versos señoriales: Julián Pérez Ávila. Dirección musical: Ramón Zarzoso. Guitarra: Gerónimo Fernández. Participación de la Rondalla Gastón. Animación: Eloísa Martínez y José Stari. LR3 Radio Belgrano. Auspiciante: Artplast y su famosa muñeca “Linda Miranda”, la muñeca que es linda, mira y anda, para su línea de juguetes “Jugal”- Desde el 2/6 al 25/8, lunes y jueves a las 20.30 hs.
1955- España y su cancionero con Lolita Torres. Versos señoriales: Julián Pérez Ávila. Participación de la Rondalla Gastón y la Guitarra de Gerónimo Fernández. Dirección Musical: Ramón Zarzoso. Animación: Isabel Marconi y José Stari. LR3 Radio Belgrano y su cadena gigante de emisoras. Auspiciante: Cuareta S.A. Volcán Industrial y Comercial, línea de productos para el hogar. Desde el 3 de octubre al 25 de diciembre, lunes y jueves a las 20.30 hs.
1955-Revista del XX Aniversario. Programa especial en el vigésimo aniversario de Radio El Mundo. Figuras invitadas (por orden alfabético): Eduardo Armani, Elder Barber, Hilda Bernard, Alfredo D’Ángelis, Luis De Castro, Horacio Deval, Eduardo Falú, Santiago Gómez Cou, Pepe Iglesias, Niní Marshall, Gladys Marvel, Nelly Panizza, Astor Piazzolla, Antonio Prieto, Edmundo Rivero, Eduardo Rudy, Carlos A. Taquini, Lolita Torres, Wimpi. LR1 Radio El Mundo. 29 de noviembre, 21.15 hs.

1956- Lolita Torres. Versos señoriales: Julián Pérez Ávila. Participación de la Rondalla Gastón y la Guitarra de Gerónimo Fernández. Dirección Musical: Agustín Ruiz Blasco. LR4 Radio Splendid y la Red Argentina de Emisoras Splendid. Auspiciante: Tonsa Zapatos. 1er ciclo, con locución de José Stari, desde el 2 de abril al 28 de junio – 2do ciclo, con locución de Marta Guerrero y José Stari, desde el 1 de octubre al 29 de noviembre. Ambos, lunes y jueves a las 21.30 hs.

1957- Lolita Torres. La estrella favorita de todos los públicos. Versos señoriales: Julián Pérez Ávila. Participación de la Rondalla Gastón y la Guitarra de Gerónimo Fernández. Dirección Musical: Agustín Ruiz Blasco. Guión: Nolo Gildo -Locución: Isabel Marconi y José Stari. LR3 Radio Belgrano y su Primera Cadena Argentina de Emisoras.
Auspiciante: Tonsa Zapatos. Desde 1 de abril al 4 de julio.
Auspiciante: Facomet S.A.- Heladeras Star. Desde 8 al 29 de julio- Ambos ciclos, lunes y jueves a las 20.30 hs. (Última audición: Hoy, extraordinaria audición de despedida de Lolita Torres, con motivo de su próximo viaje a Europa, directamente del Teatro Avenida. Por LR3 Radio Belgrano y su Primera Cadena Argentina de Emisoras, con la presencia de Delegaciones Regionales Españolas. Canciones. Música. Emoción. Alegría. Es una producción Radiux Publicidad. Auspiciada por Heladeras Star, la estrella más deslumbrante de la refrigeración).

1960- Para que Lolita vuelva- Programa en el que se emitía exclusivamente material discográfico de la cantante. Animación: Mario Villaltela. Guión: Nolo Gildo. Con la colaboración de Julián Pérez Ávila y Gerónimo Fernández. LR3 Radio Belgrano. Desde febrero, martes y viernes, 18.05 hs.
1960- Lolita tiene un cantar -Versos: Julián Pérez Ávila. La Rondalla Gastón y la Guitarra de Gerónimo Fernández. Dirección Musical: Tito Ribero- Guión: Nolo Gildo –Maestro de ceremonia: Antonio Novoa- Coordinación: Mario Villaltela. LR3 Radio Belgrano y LR4 Radio Splendid (en dúplex). Auspiciante: Sniafa S.A.I.C para su fibra textil Fibrana. – Desde el 6 de noviembre al 28 de diciembre. Miércoles y domingos a las 21 hs. (La última audición se transmitió en directo desde el Teatro Astral, duplicando la duración de su horario).

1962- Lolita Torres. Galas de la canción de España. Animación: Julián Pérez Ávila. Guitarra: Gerónimo Fernández. Participación de la Rondalla Gastón. Libro: Teófilo Hiroux Funes. Locución: Jorge Fontana, María Esther Vignola, Osvaldo Domecq. LR1 Radio El Mundo y LR4 Radio Splendid (en dúplex). Auspiciante: Otto Wald S.A. Comercial e Industrial para sus lanas de tejer O.W. – Desde el 3 de julio al 28 de septiembre, los martes y viernes a las 21.35 hs.

1971- Lolita Torres estrena una canción dedicada a Alfonsina Storni, con motivo de cumplirse un aniversario más de su fallecimiento. LR4 Radio Splendid. 23 de octubre.

1987- España y su patio de la nostalgia.
Conducción: Aldy de Cádiz. Artista invitada: Lolita Torres, reportaje y canciones. LR3 Radio Belgrano, auditorio mayor. Sábado 10 de octubre

1990- Radio Nacional. Junto a Hernán Rapella.
Actuación de Facundo Ramírez. Artista invitada: Lolita Torres. Con público en el auditorio. Lolita interpretó Agua y sol del Paraná y París la libertad. Conducción: Hernán Rapella. 6 de noviembre

1991- Radio Cine Nacional – “Cuarenta años de novios”
Basado en la obra teatral homónima de Abel Santa Cruz, con adaptación de Walter Di Leva. Dirección: Rodolfo Graziano. (Grabado en la emisora el 13 de agosto).
LRA Radio Nacional, 24 de agosto.
Elenco: Lolita Torres (Rosarito). Omar Aranda (Valentín). Natalio Hoxman (Florencio), Norma Agüero (Rufina), Aurora Delmar (Julia), Rubén Zeballos (Carmelo y Raulito), María del Carmen Bernabé (Dorita), Rolando Alvar (Andrés), Rudy Gattari, Jorge Grasso, Emma Ledo, Eduardo Espinosa, Dorita Guzmán, María Elena Molina, Carlos Romero.

1992- Los destacados – Programa periodístico y de información general. Conducción: Julio César Caccia, Jorge Cristina y Dorita Castillo. Madrina y notera especial: Lolita Torres. LR2 Radio Argentina - Debut: 1º de octubre, lunes a jueves de 21 a 22 hs.

1993- Cuando canta España- Programa musical y de información general relacionada a la península ibérica. Conducción: Juan Alberto Baliari. Madrina del programa: Lolita Torres. Reportaje a la artista, revisión de su trayectoria. FM Latinoamericana. 17 de octubre


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